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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 273

Tomás, que estaba a un lado presenciando la escena, tenía el rostro desencajado por la impresión.

Miró a Úrsula, que había bajado del vehículo sin que él se diera cuenta y ahora empuñaba un arma. De pronto comprendió a qué se refería cuando dijo «Quiero verlo»; siempre estuvo hablando de Ricardo Beltrán.

Desde el principio, su único objetivo había sido él.

A la mente de Tomás acudieron los recuerdos de lo ocurrido en la Mansión Beltrán medio año atrás. En aquel entonces, apenas conocían a Úrsula y la usaron como un peón en su tablero.

Por muy bien que lo hubieran calculado, nada en esta vida es infalible; los imprevistos siempre acechan.

La semilla del desastre se había plantado en aquel momento.

Un tic nervioso hizo temblar el párpado de Tomás. «Estamos muertos», pensó.

Apartó la vista de Úrsula y miró a Lucio.

Lucio seguía allí, inmóvil.

Se miraron fijamente en la distancia. Por un largo instante, ninguno de los dos pronunció palabra.

Antes de caer, Ricardo había recibido dos impactos.

Uno lo atravesó por la espalda; era la bala de Lucio.

El otro entró directamente por el frente, disparado por Úrsula.

Pero mientras Lucio ya había bajado su arma, Úrsula parecía atrapada en un trance. Seguía sosteniendo la pistola con ambas manos, manteniendo la postura del disparo, sin mover un solo músculo.

Desde la distancia, parecía como si estuviera apuntando directamente hacia Lucio.

Diego también estaba atónito. No podía concebir que una chica de buena familia, tan delicada y frágil como Úrsula, fuera capaz de llevar a cabo un acto tan sangriento y audaz como asesinar a Ricardo.

Sin tiempo para pensar demasiado y temiendo que por su inexperiencia a Úrsula se le escapara otro tiro, Diego dio un paso al frente para cubrir a Lucio.

Pero apenas se colocó en posición, Lucio levantó el brazo y lo apartó.

Diego trastabilló a un lado y lo miró, confundido.

Lucio ni siquiera le devolvió la mirada. Sus ojos, aún más insondables en medio de la noche, permanecían clavados en Úrsula, que seguía de pie junto al pino.

Dante también fijó su atención en ella.

El silencio absoluto dominó el ambiente por unos segundos.

Hasta que un grito de pánico lo rompió.

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