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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 275

Marcos estaba examinando el estado de salud de Clara, mientras los miembros de la familia Arriaga aguardaban afuera.

Diego, que estaba junto a Lola —quien acababa de regresar del instituto—, le narraba con lujo de detalles y gestos exagerados los eventos de aquella noche.

Lucio les ordenó a ambos que hicieran guardia y le avisaran en cuanto Clara recobrara el conocimiento.

Luego bajó las escaleras y salió del edificio trasero, dirigiéndose hacia la estructura principal.

Sin embargo, al llegar a la galería techada, detuvo sus pasos. Se recargó contra una columna, observando la vasta oscuridad con una expresión indescifrable.

La lluvia arreció, golpeando el suelo con un golpeteo rítmico.

Sin que se diera cuenta, Tomás había aparecido detrás de él. Llevaba rato observando a su jefe, notando el semblante ensombrecido que tenía desde que vio a Úrsula disparar. Midió sus palabras antes de atreverse a hablar.

—Tampoco vi venir lo de esta noche. Cuando estábamos a punto de arrancar, la señora Úrsula apareció y me dijo que quería venir, así que la traje.

La imponente figura de Lucio se proyectaba en el suelo, alargada por la tenue luz amarillenta de la galería. Al escuchar a Tomás, soltó una carcajada seca, sin que la frialdad abandonara sus ojos.

—Apareció de la nada y le voló el pecho a Ricardo. Está claro que no fue un impulso, llevaba planeándolo mucho tiempo.

—Se ve que nunca olvidó lo que pasó. Es obvio que odiaba a Ricardo, y tal vez también odie a...

Tomás cerró la boca de golpe, tragándose el resto de la frase.

Lucio esbozó una media sonrisa, desafiante.

—Termina lo que ibas a decir.

Tomás agachó la cabeza, manteniéndose en silencio.

El ambiente se volvió denso y asfixiante.

Tras una pausa prolongada, Tomás no pudo contenerse más.

—Jefe, voy a decirte algo que no te va a gustar escuchar.

Lucio ladeó la cabeza, su tono cargado de un sarcasmo helado.

—Vaya, qué bien me conoces últimamente. Empiezas asumiendo que no me va a gustar.

—Lo que quiero decir —continuó Tomás— es que, si la señora Úrsula realmente te guarda tanto rencor, lo mejor sería que no siguieran juntos. Más vale prevenir que lamentar.

Cuando dos personas comparten el mismo techo, atacarse es lo más fácil del mundo. Exactamente así fue como la señora Mercedes acabó con Gonzalo Silva.

Tomás podía ser descuidado con otras cosas, pero Lucio era su hermano, y no podía tomarse a la ligera su seguridad.

Lucio lo miró de reojo con evidente desdén.

—Hablas demasiado. Sé perfectamente lo que hago.

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