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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 277

Úrsula seguía siendo la misma chica asustadiza de siempre.

En realidad estaba muerta de miedo, pero cuando tuvo la oportunidad en bandeja de plata, no dudó en apretar el gatillo.

Para Lucio, deshacerse de un enemigo era tan cotidiano como respirar, pero para Úrsula, que había llevado una vida tranquila y ordinaria durante veinticuatro años, era un trauma del que su mente se negaba a recuperarse.

Por eso su cerebro, en un estado de shock, no paraba de obligarla a verbalizar la atrocidad que acababa de cometer.

En el baño, lo único que se escuchaba era su frágil voz.

Tras una breve pausa, Lucio la tomó en brazos y la llevó hasta la cama, recostándola con cuidado.

En el momento en que sintió el colchón, Úrsula encogió las piernas, abrazando sus rodillas. Sus dedos se clavaron tan fuerte en la piel que los nudillos se le pusieron blancos, como si quisiera arrancarse los huesos.

Lucio tragó saliva. Se sentó a su lado y, con suma delicadeza, comenzó a soltar uno por uno sus dedos engarrotados, entrelazándolos con los suyos.

Bajó la vista para observarla. Sin saber por qué, sintió una opresión extraña en el pecho, como si un enjambre de hormigas le estuviera mordiendo desde adentro.

Era una corriente de ansiedad que le recorría el cuerpo, una emoción absolutamente ajena que jamás había experimentado.

El sonido de la lluvia se colaba débilmente por la ventana, hasta que él tomó el control remoto y cerró las persianas automatizadas.

Encendió la luz de noche, bañando la habitación en un resplandor cálido y reconfortante.

Sentado de lado en el borde de la cama, Lucio miró fijamente a la chica y habló.

—Tú no lo mataste.

Ese rotundo «no» logró perforar la barrera de su trauma.

Úrsula giró el rostro lentamente. Tenía los ojos rojos, cargados de terror y confusión.

—Fui yo —dijo con la voz quebrada.

—No.

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