Tomás guardó silencio en la línea.
Justo cuando Lucio estaba a punto de colgar, Tomás habló lentamente:
—Creo que... será mejor que lo abras y lo leas, jefe...
Al escucharlo, Lucio frunció ligeramente el ceño.
Terminó la llamada y regresó a la pantalla de chat original.
Ahí estaba el archivo, inmóvil, de vuelta ante sus ojos.
Lucio lo observó sin mostrar emoción durante un instante, con el dedo suspendido sobre la pantalla.
Úrsula no había ido a trabajar ese día.
Había dormido hasta pasadas las diez, pero no se levantó; se quedó acurrucada en la cama deslizando la pantalla del celular durante una hora más.
A las once y media de la mañana, Úrsula apartó las cobijas y por fin se levantó.
Salió del baño tras asearse y, al abrir la puerta de su cuarto, un delicioso aroma a comida invadió sus sentidos.
Úrsula no había tenido buen apetito últimamente y controlaba mucho su dieta comiendo platillos suaves; así que, al percibir de golpe ese aroma tan apetitoso, se sintió hambrienta en un segundo.
Bajó por las escaleras y preguntó por instinto:
—Rosa, ¿qué preparaste de comer?
Nadie contestó.
Úrsula asumió que Rosa no la había escuchado, así que no volvió a preguntar.
Mientras caminaba, se quitó la pinza de cabello que llevaba sujeta a la ropa y se recogió casualmente el cabello largo en la parte posterior de la cabeza.
Algunos mechones le cayeron sobre la frente, y se los acomodó detrás de la oreja con suavidad.
Se sirvió un vaso con agua, se recargó en la isla de la cocina y empezó a beber, dejando su mente en blanco.
Alguien salió de la cocina caminando hacia el comedor.
Los pasos no sonaban para nada parecidos al ruido que solía hacer Rosa.
Justo en el momento en que Úrsula terminó su agua y bajó el vaso, un plato con costillitas de cerdo asadas fue puesto sobre la mesa del comedor, a unos pasos de ella.
Ambos sonidos tintinearon casi al mismo tiempo.
Úrsula levantó la vista.
Un rostro elegante e impecable como el mármol, pero de facciones frías, apareció inesperadamente frente a sus ojos.
La mente de Úrsula se quedó en blanco por un segundo.
Su cuerpo se despegó de inmediato de la isla de la cocina y se paró derecha de un salto.

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