La pelea finalmente terminó.
Lucio miró a Úrsula, señalando el desastre en el suelo, y atacó primero:
—Esa es la calidad moral de tu exnovio. Se mete en propiedad privada a destrozar tu casa. Hasta tus enemigos se alegrarían de saber que te acosan basuras como esta.
Dante levantó la vista y miró a Úrsula de inmediato.
—Yo lo pagaré.
Lucio soltó una risa sarcástica.
—Golpeas a alguien, le pagas las curaciones y luego dices que no pasó nada. Es la misma lógica, ¿verdad?
La máscara de frialdad y control absoluto de Dante por fin se quebró.
—No destruí esto yo solo, y para empezar, no quería pelear contigo.
Lucio se limpió la sangre de la comisura de los labios con un dedo.
—Te atrapan intentando robarle a otro, no lo consigues, te dan una paliza, ¿y ahora resulta que la víctima eres tú?
Dante hizo una mueca.
—Yo no robé nada.
Lucio se echó a reír.
—Cierto, no lo robaste. Solo querías meterte en el medio descaradamente. Un buen exnovio debería quedarse en un rincón y desaparecer en silencio. Preparar las tres comidas del día es trabajo de una empleada, ¿acaso crees que a ella le hace falta? Vienes a ofrecer baratijas que a nadie le interesan. ¡Imbécil!
Su nivel de hostilidad alcanzó el punto máximo al enfrentar a Dante.
—Para casarme con ella le entregué la mitad de la familia Silva como regalo de bodas —continuó Lucio—. Toda tu familia Arriaga junta no vale ni de cerca eso. Si quieres el puesto, empieza por mostrar algo de compromiso. Cámbiate el apellido para que combine con el de ella; ese viejo de Wilfredo Valdés saltaría de alegría. ¡Si hasta le ofreces ser el amante de su mujer, seguro que tampoco se negaría!
Las palabras salían de su boca sin ningún filtro.
Úrsula interrumpió:
—Ya es mediodía. ¿Pueden dejar de gritar?
—No —Lucio le lanzó su teléfono—. Si tienes hambre, pide algo de comer tú misma. Si intentas detenerme, asumiré que estás protegiendo a tu exnovio.
Usó la misma lógica que Úrsula empleaba a veces para cerrarle la boca.
Úrsula le devolvió el teléfono tirándoselo al pecho.
—Entonces sigan peleando, nadie puede ganarte discutiendo.
Se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras abrazando su florero.
Pero Lucio no se dio por vencido. Se acercó, la agarró del brazo y le dijo en tono mordaz:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro