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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 303

No era la primera vez que Lucio notaba que la temperatura corporal de Úrsula estaba más alta de lo normal.

Ella insistía en que no le pasaba nada y se negaba rotundamente a tomar cualquier medicina, comportándose como una adolescente rebelde en medio de un berrinche.

Aquello sacaba a Lucio de sus casillas.

—Llevas días con esta febrícula y todavía te atreves a decir que estás perfectamente bien.

Era temprano en la mañana. Lucio ya se había bañado, estaba vestido de punta en blanco y la observaba desde el borde de la cama, con el ceño fruncido en una mezcla de autoridad y reproche.

Úrsula tenía toda la intención de levantarse, pero en ese preciso instante se le quitaron las ganas de sostenerle la mirada a ese ogro malhumorado. Cambió de plan, agarró la cobija con ambas manos y se tapó hasta la frente.

—Te juro que estoy bien, ya vete a trabajar que vas a llegar tarde —murmuró desde su escondite.

—Evitar al médico no te va a solucionar nada.

Con una expresión severa, Lucio se inclinó, le arrancó la cobija de un tirón, pasó un brazo por su espalda, el otro por debajo de sus rodillas y la levantó de la cama de un solo movimiento.

Antes de que Úrsula pudiera procesar lo que estaba pasando, sintió que sus pies abandonaban el colchón.

Volteó a ver al hombre que la cargaba y le dio un golpecito débil en el hombro. Sus ojos somnolientos se abrieron por completo, reflejando una profunda resignación.

—¿A ver si usas toda esa energía que tienes para ir a molestar a otra persona?

Hubiera preferido mil veces que se quedara a dormir en su oficina. En cuanto cruzaba la puerta de la casa, su necesidad de controlarlo todo volvía a salir a flote.

Lucio ignoró magistralmente la clara muestra de fastidio de su esposa.

La llevó en brazos directamente hacia el enorme vestidor, la sentó en uno de los sillones de diseñador y la sostuvo por los hombros para dejarle en claro que no pensaba dejarla huir.

Úrsula suspiró, dejó caer la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos.

Lucio rebuscó y sacó un suéter de lana en tono morado grisáceo. Se volteó hacia ella.

—¿Te vas a poner esto?

Con los ojos cerrados, Úrsula soltó un murmullo indescifrable.

—Lo que sea... da igual.

Él sacó el conjunto entero. Caminó de regreso hacia ella, la levantó de nuevo y la sentó sobre sus propias piernas. Tomando sus delgados brazos, empezó a meterle la ropa como si estuviera vistiendo a una muñeca.

Fue entonces cuando se percató de que la blusa tenía una cinta extraña.

Capítulo 303 1

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