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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 320

Y estaba trabajando duro por ello.

Tras el incidente y con la ausencia de Lucio, la Mansión Poniente se sumió en el silencio.

Quizá el silencio duró tanto tiempo que, de alguna forma, empezó a sentirse extraño.

Una noche, Úrsula se despertó de madrugada.

Se incorporó apoyándose en la cama y escuchó el sonido de la lluvia caer con fuerza.

Era la primera lluvia de primavera después de las fiestas.

Se quedó un rato escuchando el aguacero, agarró su teléfono de la mesita de noche y, al deslizar el dedo distraídamente, abrió sin querer una notificación de mensaje nuevo.

Era Tomás de nuevo.

No había dormido, y al pasar por el hospital, tomó otra foto y se la envió.

Acompañada de un texto corto: Aún no despierta.

Úrsula decidió ignorar la foto y solo deslizó la pantalla hacia arriba; el chat era una larga lista de imágenes de hospital, y en cada una de ellas se leía: Aún no despierta.

Parecía que Tomás fichaba su entrada con ella todos los días.

Se frotó los ojos, dejó el teléfono y jaló las sábanas para cubrirse por completo en la cama.

Últimamente, Wilfredo Valdés no paraba de llamarla. Le repetía:

—Ese hombre sigue sin despertar, ¿qué diferencia hay con un vegetal? ¿Vas a perder la vida entera cuidando a un enfermo? Úrsula, eres joven, no tienes por qué quedarte estancada ahí.

Sonia también la llamaba:

—Tu padre tiene razón. Creo que a ese Dante le interesas. Aunque la familia Arriaga no esté al nivel de los Silva, al menos es un hombre sano.

Úrsula no respondía ni discutía; solo los bloqueaba.

Cuando Yara se enteró, se echó a reír:

—¿Cómo es que tus padres no entienden? Solo piensan en volverte a casar. Todo es perfecto ahora: subes de puesto, tienes dinero y tu marido no está molestando. ¿Para qué buscar problemas?

Era literalmente el camino perfecto en la vida.

Le dijo a Úrsula:

—Cuando nazca el bebé, yo te ayudaré a criarlo.

Úrsula sonrió y le preguntó:

—¿Y qué hay de tu propia vida? No puedes estar siempre orbitando a mi alrededor, Yara.

Yara apoyó la cabeza en el hombro de Úrsula.

—Úrsula, no te sientas culpable; todo esto lo hago porque quiero.

Desde que conoció a Úrsula, cuando no tenía dinero para pagar la escuela y los problemas familiares la arrinconaban, fue ella quien usó sus ahorros para ayudarla a seguir estudiando. Aunque para Úrsula esa cantidad no era nada, para Yara fue un salvavidas.

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