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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 4

Úrsula dudó un instante y extendió la mano para recibirlo.

Cuando todos se fueron, el único que quedó fue Mateo, sentado en el suelo con la mirada vacía.-

El joven de alta alcurnia, acostumbrado a los lujos, era incapaz de procesar que toda su identidad era una farsa; seguía sumergido en el desmoronamiento de su propia realidad.

Úrsula miró de reojo al hombre con el que había convivido el último mes.

Tras unos segundos, apartó la mirada por completo y siguió a Wilfredo hacia la salida.

De regreso a la casa de la familia Valdés.

Su madre, Sonia Valdés, su hermana mayor, Natalia, y su cuñado, Hugo, los esperaban en la sala principal.

Sonia, que no podía ni quedarse sentada de los nervios, se acercó a paso rápido al ver llegar a Wilfredo:

—¿Y bien? ¿Qué pasó?

Wilfredo se quitó el saco, se lo entregó a Sonia y fue directo a desplomarse en el sofá.

Hugo le sirvió un café.

Wilfredo le dio un par de sorbos:

—Todo resuelto, tranquilos.

Sonia frunció el ceño con preocupación:

—O sea que Mateo sí era un impostor. ¿Y qué planean hacer los Silva con esta alianza matrimonial?

Al decir eso, jaló a Úrsula del brazo:

—¿No llegaron a firmar los papeles, verdad? Tu papá te llamó en cuanto le avisaron.

—No.

Sonia soltó un largo suspiro de alivio:

—Menos mal, menos mal.

Se dio un par de palmadas en el pecho, logrando relajarse de verdad.

Wilfredo le hizo una seña para que se sentara y, mirando al resto de su familia, sentenció:

—Lo que pase o deje de pasar con Mateo no es asunto nuestro; es un tema interno de los Silva. Pero quiero que asumas que el último mes jamás ocurrió. Solo tienes un esposo en esta vida, y es el verdadero heredero legítimo, Lucio Silva. ¿Te quedó claro?

Úrsula asintió levemente:

—Sí, me quedó claro.

Sonia exhaló un largo suspiro y le acarició el cabello a su hija con algo de pena:

—Sé que casarte tan por encima de nuestro nivel va a ser duro. Si no te sientes bien, regresa y cuéntamelo todo. Quizá nuestra familia no sea la gran cosa en Nueva Alborada, pero siempre seremos tu respaldo.

Úrsula recargó su cabeza en el hombro de su madre y susurró:

—Mamá, no estoy triste.

Simplemente sentía agotamiento; apenas le estaba agarrando el ritmo a convivir con Mateo y ahora, de golpe, le exigían empezar desde cero con alguien más.

A Úrsula le aterraba tener que lidiar con vidas incontrolables y personas que no conocía; sentía un miedo inherente a la incertidumbre.

La imagen de aquel sujeto, con su asfixiante aura de bestia salvaje, se proyectó en su mente.

Y aunque no quería admitirlo, sabía en el fondo que intentar tener una convivencia armónica con un hombre así iba a ser casi imposible.

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