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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 135

Ella tomó el tubo, se aplicó un poco en la yema de los dedos y lo frotó uniformemente por el tobillo. Como acababa de ponerse hielo, la medicina no le produjo ninguna sensación de frescor.

Después de la aplicación, intentó ponerse en pie para ir al baño a lavarse las manos. Apenas se había levantado cuando Renato la tomó por la muñeca y frunció el ceño:

—¿Qué crees que haces?

Ella levantó los dedos manchados de crema, mirándolo como si fuera algo obvio:

—Lavarme las manos, claro.

—Siéntate —ordenó Renato. Soltó su muñeca, entró a la habitación y aplastó la colilla en el cenicero sobre la mesa. Fue al baño, humedeció una toalla pequeña, la exprimió bien y volvió al balcón.

A Magdalena le pareció divertido que la atendieran y, con una sonrisa pícara al recibir la toalla, comentó:

—Esta debe ser la primera vez que el gran presidente Jiménez rebaja su estatus para servir a una mujer, ¿verdad?

Los ojos de Renato se ensombrecieron un momento, su mirada adquirió un tinte melancólico y respondió de forma apática:

—No.

Al estar concentrada en limpiarse, Magdalena no notó su expresión y asumió que él lo decía solo para no quedar como un inexperto delante de ella y mantener su ego a salvo.

Fatigado por los eventos concurridos y alborotados, Renato aprovechó la extraña oportunidad de tener algo de paz. Fumó un cigarrillo más antes de decidirse a salir.

Mientras esperaba el ascensor, en la esquina del pasillo, una mujer se asomó para observar su alta y elegante figura.

Cuando se abrieron las puertas, él entró y se dio la vuelta para mirar hacia el pasillo. Temerosa de ser descubierta, la mujer escondió rápidamente la cabeza y se pegó a la pared.

Al escuchar el característico aviso de que el ascensor se cerraba, la mujer salió y se acercó a la puerta de la habitación de donde Renato acababa de salir.

Durante todo el banquete, Paula Suárez no le había quitado el ojo de encima a Renato. Al verlo retirarse, lo había seguido a hurtadillas.

Miró la hora. Renato había estado allí adentro por una media hora completa. ¿Qué diablos estaba haciendo?

Tras dudarlo un instante, tocó la puerta con suavidad. Desde dentro, se escuchó una voz de mujer:

—Un momento.

Capítulo 135 1

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