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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 140

Cuando logró hacer que la contrataran en el Grupo Centauro, Octavio le había dejado bien claro que su misión era usar cualquier excusa para ganarse el favor de Renato a toda costa.

Pero ese hombre era un misterio, un pozo sin fondo. Cuando se volvía frío y calculador, casi parecía carecer de humanidad. Un hombre así no podía ser manipulado por alguien como ella.

Al notar la duda brillar en los ojos de ella, las oscuras pupilas del hombre soltaron un destello incisivo:

—¿A qué le tienes miedo?

Esos ojos profundos eran como tinta oscura e insondable que lograba penetrar todos sus secretos. Magdalena tragó saliva por acto reflejo:

—A nada... Es solo que alguien de su prestigio... no se vería bien si me llevara personalmente a casa.

Renato soltó una risa seca, con un tinte glacial, y la arrastró fuera del auto de un tirón.

La brusquedad de su movimiento dejó a Magdalena paralizada de miedo. Antes de que pudiera comprender lo que pasaba, escuchó el estruendoso portazo y vio cómo el auto se alejaba velozmente.

¡Qué loco! ¿Acaso le dije alguna ofensa para que se enoje así?

Un par de segundos después, Magdalena soltó un grito que habría quebrado cristales. ¡Su bolsa se había quedado en el carro! ¡Su celular y su dinero estaban dentro!

¿Cómo iba a tomar un taxi sin efectivo? ¿Iba a tener que caminar hasta su casa?

Ni siquiera había que mencionar el estado en el que estaba su tobillo; del Hospital General de Valle Niebla a la mansión de la familia Sarmiento era un viaje de media hora en coche.

¿Caminar? Era una broma de mal gusto.

Levantó su delicada mano para hacerse sombra en la frente y miró el sol abrasador. Si se quedaba allí mucho tiempo, iba a desmayarse por un golpe de calor.

Un imponente y llamativo Rolls-Royce frenó de golpe frente a ella. Una ráfaga de calor salió de debajo de los neumáticos, directo hacia sus piernas.

La ventanilla se bajó, dejando ver el rostro coqueto y excéntrico de Andrés Vargas, que le guiñó un ojo:

—Preciosa, ¿hacia dónde vas? ¿Necesitas que...

Antes de que el chico terminara la frase, Magdalena ya había abierto la puerta del copiloto y se había acomodado en el asiento en un abrir y cerrar de ojos.

—Lleváme a mi casa, por favor.

Capítulo 140 1

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