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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 275

Después de cenar, Renato llevó a Magdalena a su casa. Mientras ella se desabrochaba el cinturón de seguridad, él la tomó por la muñeca.

—Cuéntales a tus padres lo antes posible. Si tienes miedo de que te regañen, yo hablaré con ellos.

Al notar que ella seguía pensando cómo dar la noticia, sentenció.

—Tienes tres días.

...

Camilo notó que el humor del presidente había estado excelente los últimos dos días. Incluso cuando un ejecutivo de alto rango cometió un error importante en su trabajo, Renato se limitó a señalar la falla y darle un par de consejos, sin mostrar la más mínima señal de ira.

Pero mientras más actuaba de esa manera, más aterrorizados estaban todos. El ejecutivo salió de la oficina del presidente, agarró a Camilo y le preguntó, temblando.

—Camilo, el presidente estaba demasiado calmado. ¿Crees que vaya a...?

—Estás pensando demasiado —lo cortó Camilo, sabiendo exactamente qué le preocupaba—. El presidente está de muy buen humor estos días, por eso no te sancionó. ¿Acaso preferirías que te hubiera gritado para sentirte mejor?

El ejecutivo dudó mucho de esa explicación. ¿El presidente Jiménez feliz? No se le notaba por ningún lado.

Camilo solo pudo suspirar. Estos directivos eran brillantes en su trabajo, pero les faltaba mucha capacidad de observación.

Con la cara de póquer que se gastaba el presidente, era obvio que no iba a ir por ahí sonriendo de oreja a oreja. ¿Cómo no se daban cuenta?

El ejecutivo se alejó a medias convencido y pasó todo el día con los nervios de punta. Solo cuando terminó su turno y vio que no había recibido ninguna llamada de despido, su corazón volvió a latir con normalidad.

...

Los empleados del Grupo Centauro tenían una hora y media de descanso para almorzar. Magdalena comió y regresó directamente a su lugar. Sus compañeros se habían ido a la sala de descanso y otros pocos dormitaban sobre sus escritorios.

Hoy había almorzado con sus compañeros en la cafetería de la empresa. Uno de los platillos estaba un poco salado, así que agarró su termo y fue a la despensa por agua. Cuando iba de regreso, recibió una llamada de Renato.

Al escuchar su voz suave y tranquila, el tono frío que Renato solía usar se relajó notablemente.

—Ven a descansar a mi oficina.

Volvió al área de trabajo con su termo en la mano. Echó un vistazo a los compañeros que estaban dormidos sobre sus mesas y, con pasos sigilosos como de ladrona, se escabulló hacia la oficina del presidente.

Renato se levantó y caminó hacia ella.

—Nuestra relación es completamente legal, pero con esa actitud de andar a escondidas haces que parezca que somos amantes.

Ella también lo creía.

—De verdad, daba igual si descansaba afuera.

—Justo quería hablarte de eso —Renato le pasó el brazo por la cintura y la guio hacia la sala de descanso conectada a su oficina—. Las computadoras emiten demasiada radiación y pueden afectar al bebé. Deberías renunciar a tu puesto y quedarte en casa cumpliendo tu rol como señora Jiménez.

—¡No! —rechazó de inmediato—. Me volvería loca estando en casa todo el día sin hacer nada.

Nadie se atrevía a contradecir las decisiones de Renato. Su rostro se oscureció un poco.

—Este también es tu hijo, y como su madre, debes ser responsable. Además, cuando tu barriga empiece a notarse, todos en la oficina pensarán que te embarazaste fuera del matrimonio.

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