Con la firmeza de su hijo por un lado y la terquedad de su marido por otro, Susana presagió un largo periodo de tormenta bajo su propio techo en cuanto Ignacio abriera la boca.
Al salir de la oficina y pasar por el área de los secretarios, Susana no pudo evitar lanzar unas miradas escrutadoras a Magdalena. Esta última, absorta en unos reportes, no se dio cuenta del intenso escrutinio.
Camilo condujo a Susana hacia la sala de espera. Apenas entró, Paula saltó, con el corazón a mil por hora, para preguntarle:
—Señora, ¿cómo le... cómo le fue con el presidente Jiménez?
Ver a la joven con esa expresión frágil y desbordante de esperanza le estrujó un poco el pecho a Susana. Sintiéndose incapaz de destruir por completo sus ilusiones allí mismo, esquivó su mirada.
—Nada importante, querida. Está tapado de trabajo, con los teléfonos sonando sin parar. Es mejor que nos vayamos.
La intención de Camilo era escoltarlas hasta el auto, pero, al abrirse las puertas del elevador, Paula se apresuró a decir:
—No es necesario que se moleste, asistente Camilo. Yo estoy aquí para acompañar a la señora. Usted vuelva a su trabajo, sabemos que está muy ocupado.
Camilo, que en efecto tenía una montaña de pendientes, sonrió cortésmente y dijo:
—Señora, señorita Paula, entonces me despido aquí.
Susana asintió con un gesto elegante y, justo cuando Camilo se daba la vuelta, el elevador llegó. Ambas mujeres entraron.
Mientras descendían, Paula, intentando sondear el terreno con astucia, soltó:
—Me parece rarísimo que no haya un solo rumor sobre la boda del presidente Jiménez. ¿No será que él y su esposa no se soportan y tienen una mala relación?
Susana no contestó. Desde que salió de la oficina, su cabeza era un enjambre de dudas sobre cómo abordar el tema del matrimonio a escondidas con Ignacio; estaba tan absorta que las palabras de Paula no hicieron eco en sus oídos.
Paula interpretó el silencio como una validación, asumiendo que la mujer estaba considerando seriamente su teoría. Así que arremetió con más fuerza.
—Apostaría lo que sea a que la señorita Suárez es la favorita para nuera de la señora.
—Vaya usted a saber. El mundo de los ricos es demasiado enredado para nosotros los mortales. Es mejor usar este tiempo libre en adelantar el trabajo, así tal vez saquemos un bono decente a fin de año.
Una de las mujeres, de cara redonda, lanzó una mirada furtiva hacia la mesa de Magdalena.
—Y pensar que hace unas semanas, como el presidente siempre la arrastraba a los viajes de negocios, llegué a creer que le traía ganas a ella. Pero resultó que...
La sombra de Wendy acercándose a paso rápido las hizo callar de golpe. Agarraron el primer expediente que encontraron y empezaron a teclear como si su vida dependiera de ello.
Aunque el cotilleo se había mantenido en voz baja, la posición de Magdalena estaba lo suficientemente cerca, y sus oídos captaron todo palabra por palabra.
Con razón su suegra la detestaba tanto. Ya tenía en mente a la candidata perfecta para nuera, y por ironías de la vida, no era otra que Paula Suárez.

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