Al finalizar la jornada laboral, Renato tenía un compromiso de negocios al que debía asistir. Como Magdalena estaba embarazada y no debía rodearse del humo y el alcohol típicos de esos eventos, regresó sola a casa.
Olga, al verla llegar más temprano de lo habitual, supuso que aún no había cenado.
—Joven señora, descanse un rato. La cena estará lista en unos minutos.
Magdalena comenzó a desabotonarse el abrigo mientras caminaba hacia las escaleras.
—No hay prisa, tómate tu tiempo. Voy a darme una ducha primero.
Diez minutos después, tras salir del baño y bajar a la primera planta, Olga ya tenía los platos humeantes sobre la mesa del comedor. Pero, por muy exquisita que fuera la comida, cenar sola le quitaba el apetito; sumado a las náuseas de los últimos días, su estómago apenas pedía alimento.
Terminando de cenar, mientras Olga lavaba los cubiertos en la cocina, Magdalena se sentó en el sofá con las piernas cruzadas a ver la televisión. El timbre sonó de pronto. Miró el reloj de pared; apenas daban las ocho. ¿Acaso él había terminado su reunión de negocios tan pronto?
Caminó hacia la entrada y abrió.
Se quedó de piedra. La persona al otro lado también. Magdalena, recuperando la compostura de inmediato, miró con serena frialdad a la mujer frente a ella.
—Es bastante tarde, ¿qué asunto la trae por aquí?
Paula paseó la vista por el interior, escrutando a Magdalena de pies a cabeza con una mirada cargada de juicio. Al ver que estaba vestida con ropa para dormir, su ceño se frunció aún más.
—Vine a ver al presidente Jiménez.
Magdalena adoptó un tono calmado, sin dejarse amedrentar.
—Lo siento mucho, pero no está en casa. Si es algo realmente urgente, puede llamarlo a su celular.
—¿Acaso no me vas a invitar a pasar? —El rencor que le hervía en los ojos se desvaneció tras una radiante sonrisa en su maquillaje impecable—. Se podría decir que somos amigas, ¿no?
Magdalena la repasó visualmente. Paula vestía un provocativo vestido con un pronunciado escote en V que dejaba poco a la imaginación, ajustadas medias de red y, por encima de todo, un atrevido abrigo rojo largo. Era una vestimenta llamativa pero elegante, hermosa y a la moda.

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