—Olga, sirve la comida —su voz suave y serena llevaba un tono que no admitía réplicas.
Olga, que se había asomado varias veces desde la puerta de la sala hacia afuera, entró rápidamente al comedor al escuchar su llamado:
—Joven señora, ¿y si mejor le llama al señor Renato?
Viendo que no podía hacer que la obedeciera, Magdalena tomó la iniciativa. Se sirvió su propia comida, tomó el tenedor y comenzó a comer.
Olga la miró y volvió a suspirar en su interior. *¿Por qué estos dos tenían que ser tan tercos al mismo tiempo?*
Olga le lanzó una mirada a Joaquina, que estaba a un lado. Joaquina entendió el mensaje, se acercó al teléfono fijo, levantó el auricular y llamó a Renato para preguntarle si regresaría a cenar.
Quién sabe qué le habrían respondido, pero al colgar el teléfono, el semblante de Joaquina no era bueno. Le dio un vistazo a Magdalena, que estaba comiendo sola en el comedor, y se retiró sin decir una sola palabra.
Olga ya había adivinado lo que pasaba, y su preocupación se hizo aún más profunda.
...
Durante los dos días siguientes, Magdalena y Renato casi no cruzaron palabra. Él salía temprano y volvía tarde, mientras que ella seguía bajo arresto domiciliario.
En esos dos días, su único contacto con el mundo exterior fueron la televisión y los periódicos.
Los titulares de la prensa durante esos días se centraban en un solo tema: Lázaro Guzmán asistiendo a banquetes y subastas acompañado de una mujer.
Como el público aún desconocía las razones del divorcio entre Lázaro Guzmán y Fátima Sarmiento, y él había llevado a la misma acompañante a sus últimos eventos corporativos, la gente no paraba de especular sobre la relación entre ambos.
En las fotos del periódico, la mujer aparecía recargada junto a él. Ya no mostraba la timidez que Magdalena había notado la primera vez que la vio; su sonrisa era radiante y adecuada, y con ese arreglo meticuloso lucía aún más hermosa.
Aunque Renato no le permitía salir de casa, no le había confiscado su celular. Magdalena arrojó el periódico a un lado, tomó el teléfono y llamó a Lucía.
En los últimos dos días, el celular de Lucía había estado apagado. No había podido comunicarse con ella y no tenía idea de cómo estaban las cosas por su lado.
Sostuvo el celular y se quedó reflexionando un buen rato. *¿Será que Javier la volvió a golpear?*
*Pero eso no le impediría contestar el teléfono.*
*¿O acaso le habría pasado algo más?*
Entonces llamó al abogado Fuentes:
—Abogado Fuentes, ¿Lucía se ha comunicado con usted en estos dos días?

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