—Entendido, gracias. —Colgó el teléfono y arrugó el papel, convirtiéndolo en una bolita que tiró al bote de basura. Enseguida, marcó otro número. Cuando le contestaron, exclamó—: Quiero denunciar un caso...
Para reportar la desaparición de una persona se requiere que pasen veinticuatro horas. Lucía ya llevaba cuatro días desaparecida, tiempo más que suficiente.
Le planteó claramente a la policía sus sospechas de que Javier Huerta la mantenía retenida a la fuerza en Residencial Los Olivos.
Pero los policías, al enterarse de que se trataba de alguien de la familia Huerta, se limitaron a decirle que iniciarían una investigación y le colgaron de inmediato.
Tras cambiarse de ropa y bajar al primer piso, justo se cruzó con Olga, que iba a llamarla para comer. Al verla bajar, Olga se apuró hacia la cocina para servir y colocar los platos en la mesa.
Terminada la comida, se quedó esperando con ansias alguna noticia de la policía. Al dar las tres de la tarde sin obtener respuesta, su intranquilidad la empujó a marcarles de nuevo. Los agentes la trataron con bastante indiferencia, pidiéndole simplemente que esperara en paz.
Esa espera se extendió otra hora. Al llamar de nuevo a la comandancia, un policía le soltó sin tapujos:
—Le hablaré con la verdad: aunque la mujer estuviera ahí retenida, no nos atreveríamos a allanar la casa del señor Huerta para exigir que nos la entregue.
Ella preguntó:
—¿Por qué?
—Se trata de la familia Huerta. —Apenas pronunció esa frase, el agente cortó la llamada.
Una gran confusión inundó su pecho. No tenía idea de a quién acudir por ayuda. El primero que le vino a la mente capaz de movilizar a la policía fue Renato, pero recordó que desde un principio le había asegurado que no utilizaría su nombre. Después, la imagen de Lázaro Guzmán apareció en sus pensamientos.
Buscó su número entre los contactos y justo en ese momento recordó a aquella muchacha llamada Irene Blanco. Dudó un instante antes de marcar y, al final, se rindió. Ya no debía importunarlo más.
Apenas unos diez minutos después, la policía la contactó por su cuenta, dándole un lugar de encuentro. Magdalena se encontró con los agentes y el grupo entero se dirigió a Residencial Los Olivos.
Al bajar del coche al llegar al conjunto residencial, Magdalena le preguntó al policía a cargo:
—Oficial Vega, me causa mucha intriga. Al principio, su actitud era bastante desinteresada y me dijeron directamente que no podían meterse en problemas con la familia Huerta. ¿Qué los hizo cambiar de parecer?
Un agente a su lado soltó precipitadamente:
—Alguien de arriba le llamó a nuestro jefe...

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