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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 1020

El personal no tardó en entregarle el anillo a Orfeo, presentado en una caja de terciopelo azul oscuro. A la vista de todos, él abrió el estuche, sacó la joya y se giró para quedar frente a ella.

Bajo las luces, el brillo del diamante era casi cegador.

Orfeo tomó la mano izquierda de la chica y deslizó lentamente el anillo en su dedo anular; la medida era tan exacta que parecía que su dedo había nacido para llevarlo.

—Emilia —dijo con voz cálida—, primero permíteme ponerte mi sello, lleva contigo esta marca que demuestra que me perteneces. Cuando estés lista para que celebremos nuestra boda, te daré un diamante aún más grande.

Los ojos de Emilia brillaron con emoción. —¿Así que esto es una propuesta de matrimonio?

—No del todo, eso sería demasiado apresurado —le besó el dorso de la mano—. Como dije, es solo un sello. Si alguna vez estás lista, prepararé una propuesta espectacular para ti. Comprar una baratija en una subasta no cuenta como pedirte que seas mi esposa.

Una joya de más de cien millones, y él la llamaba «baratija».

Emilia todavía no lograba digerir del todo el mundo de los ultra ricos, pero se sentía inmensamente feliz.

Se inclinó y besó sus labios. —Vaya, no sabía que fueras tan bueno para robarle el corazón a una chica.

Orfeo sonrió de medio lado. —Entonces, como siguiente paso, ¿podemos hacer oficial nuestra relación ante los medios?

—Sí.

...

Ambos estuvieron de vacaciones durante casi dos meses enteros antes de que Emilia regresara de esa vida de lujo absoluto a su trabajo en Santa María. Ahora que había ganado un premio importante, las ofertas comerciales le llovían, y las cotizaciones eran cada vez más estratosféricas.

Pero ella no aceptaba cualquier proyecto. Elegía solo los que le apasionaban, dispuesta a invertir el tiempo necesario para pulir y crear mejores obras musicales.

Además, ahora tenía a Orfeo a su lado, un genio que actuaba como su musa inspiradora. Sus ocasionales consejos y enseñanzas hicieron que las habilidades de Emilia, que ya poseía un talento innato, avanzaran a pasos agigantados.

Orfeo solía maravillarse y decirle que ya era una artista tan excepcional que podría rivalizar con su propia hermana. Sin embargo, Emilia sabía que él exageraba; Melisa Serrano, al igual que Orfeo, poseían un talento divino, una genialidad que estaba en otro nivel.

Ese don abrumador de ellos aún le quedaba algo lejos, pero ella confiaba ciegamente en que podía acortar la distancia a base de esfuerzo y dedicación.

Su fama crecía día con día, y su aura asimilaba de manera evidente esa elegancia y serenidad tan características de Orfeo.

Ese día, Mauricio llevó a Zulema Paredes a cenar a casa. Sus padres estaban en su pequeño apartamento en Santa María y habían preparado un gran banquete.

Habían ido a firmar el acta de matrimonio esa misma mañana. Los papeles aún estaban guardados en el bolsillo interior de su traje, quemándole el pecho y causándole una extraña asfixia.

Zulema estaba aferrada a su brazo, sonriendo con dulzura y decoro. Llevaba un vestido sencillo de colores neutros y el cabello liso cayendo suavemente sobre sus hombros; se la mirara por donde se la mirara, parecía una muchacha decente y de buena familia.

Capítulo 1020 1

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