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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 145

Melisa también recibió la invitación de Ángel. Se acordaba de él: alguna vez había hablado bien de ella. Su familia se dedicaba a fabricar cargueros marítimos; eran de los fuertes en ese negocio.

Melisa aceptó ir, aunque llegaría tarde, porque todavía tenía algo importante que resolver.

Los Serrano ya habían entregado lo poco que les quedaba para pagar el tratamiento de Homero. Incluso metieron la casa grande donde vivían como parte del pago.

Melisa programó la cirugía en el hospital militar y mandó avisar a los Serrano que no permitiría visitas: fuera del paciente, no recibiría a nadie.

Por salvarle la vida a Homero, la familia apretó los dientes y aceptó.

Cuando Melisa llegó al hospital, Gilberto Villanueva ya había anestesiado a Homero. Miró a la joven con expresión complicada.

—¿Y tú por qué cambiaste de opinión? ¿Por qué ahora sí vas a ayudar a los Serrano? Lo de las piernas de Homero está difícil. Se tardó demasiado en atenderse; aunque salga bien, no va a quedar al cien.

Melisa sonrió leve.

—No cambié de opinión. Esto es un intercambio. Yo no soy beneficencia.

Gilberto negó con la cabeza.

—El Grupo Serrano ya viene mal desde hace rato. Aunque te den la mayoría de las acciones, no vas a sacar tanto.

—Eso sí —dijo Melisa, poniéndose los guantes. Se acercó a Homero y lo miró—. Pero yo no estoy buscando dinero. El Grupo Serrano me sirve para ir contra otra gente.

Los Blanca se habían quedado con recursos que en realidad le correspondían a la familia Núñez. El abuelo pensaba dárselos a ella, pero los Núñez tenían su base en el extranjero y no conocían a detalle cómo se movían las cosas en Santa María. Por eso Melisa necesitaba intervenir, para evitar “jugadas” por debajo del agua.

Cuando Melisa llegó al club, la reunión ya iba a la mitad. Apenas empujó la puerta del privado, oyó la risa filosa de Jimena:

—Uy, miren nada más, si es nuestra pianista, la señorita Núñez. Casi pensé que no ibas a venir por lo de que no pasaste la eliminatoria del concurso Steinway. Ya estaba pensando si iba a tu casa a “animarte”.

El cuarto se llenó de risas. Claudia estaba sentada junto a Ángel, tomando vino tinto con elegancia, con una chispa de satisfacción en los ojos.

Ángel frunció el ceño, a punto de defenderla, pero Melisa entró tranquila, sin una pizca de pena.

—Perdón. Se me alargó una cirugía y me atrasé —dijo, dejando su abrigo sobre el respaldo de una silla. Barrió a todos con la mirada—. ¿Me perdí de algo bueno?

—Uy, sí —dijo Jimena, con tono burlón—. Estábamos hablando de cierta gente que se cree mucho y se mete a concursos que le quedan grandes…

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