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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 161

Dani apenas le echó un vistazo y caminó directo hasta Melisa para sentarse a su lado. Traía encima un ligero olor a puro.

Melisa, que tenía el olfato fino, lo notó al instante. Giró la cara, molesta.

—¿Fumaste? ¿Qué te dije?

—La situación en el mar estuvo pesada… traigo los nervios tensos desde hace días. Nomás me eché uno.

Todos lo miraron con sorpresa. El hombre que siempre era frío, dominante y de los que no explican nada, de repente le estaba bajando al tono solo por una frase de Melisa.

Y lo más inesperado fue que, después de explicarse, inclinó un poco la cabeza hacia ella y remató en voz baja:

—La próxima te pregunto antes.

¿Hasta para fumar tenía que pedirle permiso a Melisa? ¿No estaba medio raro lo confianzudos que se veían?

Nicanor, el tercero, frunció el ceño con fuerza; casi se le notaba que quería ir a sentarse en medio de los dos para romper esa vibra de confianza que Dani estaba armando.

Lorenzo abrió los ojos, incrédulo, y se le salió:

—Señor Soto, usted…

En su cabeza, Dani jamás se rebajaba a explicarle nada a nadie, y menos con un tono casi… conciliador.

Claudia apretó el descansabrazos del sillón; las uñas casi se le enterraban en la piel.

Mantuvo la sonrisa a duras penas, pero la mirada se le apagó. Ella había sido la primera en invitar a Dani a sentarse, y aun así él eligió sin pensarlo el lugar junto a Melisa.

¿Por qué los hombres que a ella le gustaban, uno tras otro, terminaban fijándose en Melisa? ¡Si se suponía que la más guapa y la mejor era ella!

Leopoldo también vio la escena. Pensó un momento y habló:

—¿Entrenar? ¿Tienes idea de la friega que es el entrenamiento de infantería de marina? Nadar cinco kilómetros con peso… ¿lo aguantas? Con pie plano te lesionas hasta caminando en tierra; ahora imagínate en el agua. El pie no te da soporte, te dan calambres, te tuerces… y si se pone grave, hasta puedes arrastrar a todo el equipo.

En el estudio se hizo un silencio total. A todos los dejó helados.

Leopoldo suspiró y miró a Lorenzo.

—Lorenzo, no es que no quiera ayudarte… es que esto de verdad no se puede forzar.

A Lorenzo se le enrojecieron los ojos. Apretó los puños con rabia y, de golpe, levantó la cabeza y señaló a Melisa.

—¿¡Y ella qué!? ¿¡Por qué ella sí puede tener trato especial!? ¿¡Por qué ella sí puede “por palancas” pasar a la segunda ronda del concurso de piano, y yo ni siquiera tengo derecho a alistarme!? ¡Ustedes la consienten!

***

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