Uno de los miembros de la facción conservadora preguntó: —Creo que entiendo. ¿Quieres dejar que Luna te secuestre y, cuando ella crea que ha triunfado, atraparla por sorpresa? ¿Vas a usarla para amenazar a Aris y obligarlos a admitir que Iván Cordero es un traidor?
Otro miembro de la reunión refutó: —No estoy de acuerdo. Es muy fácil que Iván cambie su versión. Ya saben lo escurridizo que es.
—La idea no es amenazar a Aris, sino amenazar al mismo Iván —comprendió Dani de inmediato. Explicó con tono serio—: Luna viajó a Monteverde únicamente por Matías. Dado que las armas y los hombres del Grupo Aris no pueden entrar a nuestro país de forma legal, y el contrabando es muy riesgoso, son muy pocos los miembros de Aris que realmente están en el país. Por lógica, la tarea de proteger a Luna recae en Matías y en Iván.
—En cierta forma, Aris es el jefe directo de Iván; él no va a dejar que le pase algo a Luna —añadió Melisa—. Solo tenemos que tenderle una trampa para hacerlo salir.
Todos asintieron al entender el plan, y un rayo de esperanza iluminó sus rostros.
El presidente le preguntó a Melisa: —Pareces estar muy segura de tu gente. ¿Por qué tienes la absoluta certeza de que son leales? Con una industria armamentista tan inmensa en el extranjero, ¿no temes que se filtren traidores y causen un desastre?
Melisa reflexionó un momento antes de responder: —Precisamente porque sé que todos mis hombres son zorros astutos que se mueven entre el mundo criminal y el legal, desarrollé un microchip de neuro-detonación. Funciona con conexión inalámbrica, estimulando directamente los nervios cerebrales y monitoreando el estado mental del portador en todo momento. Si alguien siquiera piensa en traicionarme...
Se detuvo un momento, dibujando una leve sonrisa en su rostro, mientras se tocaba suavemente la sien con el dedo. —Esto, simplemente estalla.
Todo miembro de su organización, sin excepción, llevaba el microchip. Así era como, habiendo pasado tantos años en Monteverde, sus negocios e instalaciones en el extranjero nunca habían sufrido una filtración ni problemas mayores.
—Aquellos que abrigan malas intenciones... mueren en el mismo instante en que conciben la traición, antes de poder siquiera intentar su plan —concluyó Melisa.
El silencio invadió la videollamada. Todos quedaron perplejos. Luego de unos instantes, alguien exclamó, asombrado:
—¿De verdad existe una tecnología tan avanzada en el mundo?
—¡Eso sería una garantía enorme para la seguridad de toda nuestra nación! ¡Debería implementarse ampliamente en el ejército! ¡Así no tendríamos traidores del calibre de Iván!
Él la amaba profundamente, y estar postrado, con la pierna rota e inútil ante semejante peligro, lo llenaba de preocupación. Se arrepentía de no haberse entrenado más. Si tan solo sus reflejos hubieran sido un poco más rápidos, todo habría sido distinto. Podría estar de pie liderando la batalla, en lugar de obligar a la mujer que se suponía debía proteger a cargar con todo el peso.
Melisa comprendió que él se sentía culpable.
—Es hora de que descanses. —Melisa se irguió a medias, se inclinó y besó sus labios secos y frescos. Susurró contra su boca—: Es normal que tú quieras protegerme y darlo todo por mí, pero esto funciona para ambos lados. Tienes que aceptar que yo también puedo protegerte, y que, de hecho, soy más fuerte que tú.
Al escuchar eso último, a Dani se le escapó una sonrisa y posó su gran mano sobre la estrecha cintura de ella. —El gran Señor X, la médico milagrosa, la científica prodigio. Por supuesto que eres más fuerte que yo.
Bajo las mantas, Melisa se movió para sentarse a horcajadas sobre él. Frotó suavemente su nariz contra la suya. Sus labios, rozándose levemente entre respiraciones agitadas, no se separaron.
Deslizó la mano por la pretina de su pantalón, para luego inclinarse rápidamente, jalando las sábanas para esconderse debajo...

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