Lo de la competencia de piano Steinway —cuando Claudia fue acusada de hacer trampa y además de querer hundir a Melisa— hizo que Leopoldo explotara.
Convocó una junta familiar, y los hermanos de Melisa también estuvieron presentes.
Después de discutirlo, llegaron todos a la misma conclusión: iban a cortar relación con Gaspar y separarse por completo.
A Gaspar se le fue el color de la cara. La taza de té se le resbaló.
Tronó contra el piso y se hizo pedazos. El té hirviendo le salpicó el pantalón, pero él ni lo sintió.
—¡Señor! —la voz le temblaba—. Yo llevo más de treinta años con los Núñez… si no tengo méritos, por lo menos me he partido el lomo. ¿Por una cosa así…?
—¿“Una cosa así”? —Mateo soltó una risa fría y se levantó—. Comprar al jurado, acusar de plagio, hacer un show frente a todos… ¿eso es “una cosa así”?
Luego clavó la mirada en Camila.
—Y eso sin contar que hay gente que también está metida en falsificar pruebas y difamar.
Camila se puso verde de coraje y apretó el bolso con fuerza.
—¡Mateo! ¿Qué estás insinuando? Claudia no hizo nada, ella no sabía nada. Todo fui yo, yo la moví desde atrás…
—¡Ya basta!
Leopoldo levantó la mano para callarla; su voz vieja traía una autoridad que no dejaba espacio a discusión.
—Gaspar, estos años no te he tratado mal. La propiedad de Casa Fuente Dorada ya está a nombre de Melisa, y eso es un hecho. Tienen una semana para salirse.


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