Melisa miró a Verónica.
—La apuesta sigue en pie, ¿verdad?
Por dentro, a Verónica le dio una inquietud rara. De pronto sentía que ya no podía leer a Melisa… pero mantuvo su tono suave.
—Si eso hace que te sientas mejor, no tengo problema.
Bernal soltó, frío:
—A ver con qué calificación sales ahora.
Melisa se sentó, tomó la pluma y empezó el examen bajo la mirada de todos.
El director del instituto le tomó el tiempo. Bernal se quedó a un lado revisando el examen y no pudo evitar burlarse por dentro: ese examen tenía preguntas que ni él dominaba. Si Melisa sacaba 20, ya era mucho.
Verónica también vio el contenido. Era tan difícil que ni entendía varias preguntas.
No pudo evitar decir:
—Melisa, ya no lo hagas por orgullo… todos te creemos. No te forces.
Bernal respondió, cortante:
—Como no quiere aceptar que hizo trampa, que pierda y ya. Así se le quita.
Cuando todos pensaban que Melisa iba a volver a hacer el ridículo, con el paso del tiempo las cosas empezaron a ponerse… raras.
El director del instituto y el tutor vieron la hoja de Melisa y sus expresiones cambiaron, sutiles pero claras. Verónica, que era buena para leer caras, sintió que algo iba mal. Volvió a hablar, ahora con otra intención:
—Melisa, de verdad yo no quise quitarte a Eloy… no tienes por qué enojarte conmigo.
Quería distraerla. Bernal frunció el ceño.
—Verónica te está hablando. ¿No escuchas? Ten tantita educación.
Melisa alzó la vista.
—¿No ves que estoy en examen?
Bernal bufó.
—Como si fueras a sacarlo bien.


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