El crupier temblaba al repartir. Melisa rozó la carta con la yema de los dedos y en sus ojos pasó un destello afilado.
—All in —dijo, y empujó al centro sus últimas quinientas millones de fichas.
Serpiente Plateada la siguió con una mueca de burla.
—Va.
Mientras repartían, Melisa alcanzó a ver un movimiento mínimo y rapidísimo en la mano de Serpiente Plateada: iba a hacer trampa.
Dani, que estaba a un lado mirando, también se dio cuenta. Le apoyó la mano en el hombro y dio un par de toques para avisarle.
Melisa movió apenas los dedos sobre su pierna. Desde debajo de la mesa, una diminuta esfera de acero salió disparada y le golpeó la mano justo cuando intentaba cambiar las cartas.
Al sentir el golpe, soltó un grito ahogado y retiró la mano de inmediato.
—¿Todo bien, señor Serpiente Plateada? —Melisa sonrió, tranquila—. Ya está. Volteen las cartas.
Ya no le daba tiempo de cambiar nada. Serpiente Plateada apretó la boca, clavó la mirada en la chica frente a él y, al verla con esa cara de “ni idea” como si sólo estuviera clavada en el juego, concluyó que no había sido ella… sino el tipo misterioso enmascarado que traía al lado.
Esa noche el dinero le estaba llegando demasiado fácil; ya se le había ido la cabeza. Pensó: “Ni modo, en esta mano no hago trampa. De todos modos esta chavita se va a ir en ceros”.
Voltearon las cartas.
Serpiente Plateada: A de espadas, A de corazones, A de diamantes. ¡Trío de ases, ventaja absoluta!
Melisa: 10, J, Q de tréboles. Una combinación que, a simple vista, parecía inofensiva.
“Hasta aquí le llegó la suerte a esta señorita”, pensó Serpiente Plateada, satisfecho, y estiró la mano para jalar las fichas.
Melisa soltó una risita y le detuvo la mano sobre el montón.
—¿De qué traes prisa? ¿No faltan dos cartas?
Serpiente Plateada se rio con descaro.
—No tienes esa suerte.
—¿Ah, sí?
Melisa volteó con calma la siguiente carta: K de tréboles.
—¿Escalera? —Serpiente Plateada se burló—. Eso ni de chiste le gana a mi trío.
Antes de que terminara de hablar, Melisa dio un golpecito suave en la mesa.
—Crupier, falta la última.
Todo el casino contuvo el aire.
La última carta se volteó lentamente: 9 de tréboles.
—¡Escalera real! —gritó el crupier sin poder contenerse—. ¡Otra escalera real esta noche! ¡No puede ser!
La sonrisa de Serpiente Plateada se le congeló. Se levantó de golpe.
—¡No es posible! ¿En qué momento hiciste trampa?



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