Antonio también habló:
—Si es así, tampoco podemos obligarnos a robarle a alguien su patente. Mejor que el equipo actualizado quede a nombre de la empresa médica de Hugo, y el Ejército puede seguir usándolo.
El almirante frunció el ceño.
—¿Eso no es lo mismo que decir que el trabajo que la muchacha se aventó día y noche se lo vamos a regalar a Hugo, y ellos se quedan con todo el beneficio? ¿Te importa tanto la patente de Hugo que vas a sacrificar a la chica?
Antonio apretó la mandíbula.
—¿Y entonces cuál es la solución perfecta?
Hugo, sin tantita vergüenza, intervino:
—Mejor que Melisa se venga a trabajar a mi empresa como técnica. Así se acaba el problema.
—¿Tú qué opinas, Dani? —preguntó Iván.
Dani habló sin prisa, pero con una autoridad que no admitía discusión:
—La empresa de Hugo no merece que Melisa vaya a trabajar ahí.
Iván lo pensó un momento y dijo:
—Primero se estaba discutiendo el estado de salud de Dani. Si el equipo no tiene fallas, su condición cumple con el estándar y el hospital militar ya lo certificó, entonces el mando de la operación petrolera sigue siendo suyo. En cuanto al equipo médico…
Iván miró a Melisa.
—A ver, niña: si de verdad puedes desarrollar un nuevo equipo médico, ¿cómo piensas manejar el costo anual de las actualizaciones?
—Gratis —respondió Melisa.
—¿Gratis? —Iván se quedó sorprendido.
La mirada de Melisa recorrió a cada oficial presente. Su voz era fría, pero firme:
—Esto es para proteger al país y a los soldados. ¿Cómo voy a ser tan egoísta como para cobrar? Lo que yo quiero es que no vuelva a haber un solo soldado que pierda tiempo de tratamiento por un diagnóstico equivocado; lo que yo quiero es que los que viven de monopolizar tecnología ya no puedan usar la vida de los soldados como moneda de cambio.
Dentro de la cápsula médica se hizo un silencio total; solo sus palabras seguían resonando. Al comandante de la Marina se le notó la emoción en la mirada, y varios generales que habían estado en el frente enderezaron la espalda casi por reflejo.
Melisa añadió:
—Así que basta con cubrirlo una sola vez. De ahí en adelante, el mantenimiento y las actualizaciones correrán por mi cuenta, sin costo.
¿De verdad lo que ella necesitaba era dinero? En el instante en que cruzó miradas con esos soldados y oficiales visiblemente conmovidos, supo que lo que estaba ganando era una red de contactos más valiosa que cualquier cosa.
La comisura de los labios de Iván se levantó apenas.
—Eso de “soporte de por vida”… suena muy bien.
Luego volteó a ver a Hugo, y su expresión se volvió dura al instante.
—Entonces, mientras no salga la nueva generación del equipo, seguimos usando la versión anterior. ¿Alguna objeción?

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