—Entonces... ¿ya me puedo ir? —A Nicolás se le iluminaron los ojos de esperanza.
Melisa respondió con calma: —Que yo no proceda contra ti es solo a título personal. Eso no representa a los exmilitares que acusaron falsamente ni al hospital que difamaron.
Acusar falsamente a militares y difamar a un hospital; esos cargos acabarían directamente con la carrera de Nicolás. Antes de que los subordinados de Dani se lo llevaran a la base para interrogarlo, Nicolás se quebró y le gritó al director Augusto, llorando: —¡Tío! ¡Tío, me equivoqué! ¡Ayúdame! ¡Sálvame! ¡No puedo ir a un tribunal militar, tío!
El director Augusto ya había previsto que sería destituido e investigado por abuso de autoridad. Su carrera política estaba acabada por culpa de su sobrino. Ni siquiera lo miró de reojo, dejando que arrastraran a Nicolás fuera de la comisaría y lo encerraran en un vehículo militar junto con los demás alborotadores.
Los medios que hacían guardia afuera, al ver la situación, miraron al unísono en dirección al equipo del Diario de Santa María.
Según el Diario de Santa María, gente de la zona militar había ido a investigar al hospital, a llevarse a los directivos y a realizar una auditoría por el desvío de fondos gubernamentales. Sin embargo, quienes estaban siendo subidos a los vehículos militares eran los «solicitantes inocentes» que tanto mencionaba el periódico.
El reportero del Diario de Santa María también estaba muerto de nervios, pero aun así ordenó que enfocaran las cámaras hacia los soldados para no perder la exclusiva.
Renato notó de inmediato que estaban grabando de cerca. Al ver las identificaciones que llevaban colgando del cuello, levantó una mano. —Síganme. Llévense también a esos reporteros sin escrúpulos a la base para interrogarlos.
Walterio, el periodista del Diario de Santa María, sostenía la cámara apuntando a Nicolás y a los demás que eran escoltados al camión militar. Hablaba rápido frente al lente: —Amigos, esta es una exclusiva del Diario de Santa María. El caso del Hospital de los Santos acaba de dar un giro inesperado. Solicitantes inocentes han sido llevados por el ejército. ¿Acaso los militares y el hospital están encubriendo el fraude, o los solicitantes están mintiendo? Seguiremos informando...
Antes de que pudiera terminar, una mano con guante blanco tapó de golpe el lente de su cámara.
—¿Usted es Walterio? —El rostro serio de Renato apareció frente a la cámara—. Le voy a pedir a usted y a su equipo que nos acompañen.
Walterio palideció, pero intentó mantener la calma: —Oficial, somos un medio oficial, tenemos derecho a la información...
—¿Derecho a la información? —Renato soltó una risa sarcástica y tomó un documento de manos de un soldado—. Toda esta ola de opinión pública falsa en internet comenzó justo después de que publicaran sus noticias falsas. Son sospechosos de difamación y de incitar la hostilidad social. Tendrán que explicárselo a un tribunal militar.
La transmisión en vivo aún no se había cortado. Muchas personas que veían las noticias presenciaron la escena, y en un instante, la opinión pública en redes cambió de rumbo.
A Walterio le brotaba sudor frío por la frente, pero siguió con su actitud obstinada: —¡Solo estamos informando la verdad!
—¿La verdad? —se rio Renato—. Muy pronto todos sabrán si lo que dices es verdad o no.
Todos los reporteros del Diario de Santa María encargados de cubrir la noticia fueron subidos a la fuerza a los vehículos militares. Los otros medios que estaban cerca giraron rápidamente sus cámaras para grabarlos.

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