Melisa frunció el ceño, confundida. Cerró la tapa del piano y se puso de pie.
—Se equivocó de persona.
Orfeo reaccionó, avergonzado. Bajó la vista y vio su credencial de estudiante, con el nombre.
Melisa…
Su abuelo estaba en el hospital, esperando el resultado de la prueba. Y la chica de la que hablaban también se llamaba Melisa.
Orfeo sintió que esta vez no podía ser coincidencia: ese nivel musical, esa belleza… todo cuadraba con la sangre de los Núñez.
Pero, al mismo tiempo, recordó lo que Dani les había advertido: antes de confirmar, no podían reconocerla. Si se equivocaban, la iban a lastimar.
Se tragó la emoción, se acercó y habló con calma:
—Perdón. Me exalté. Te pareces mucho a mi hermana. Nunca había escuchado esa pieza… ¿la compusiste tú?
Melisa negó con la cabeza.
—No. Me encontré una partitura dañada y reconstruí una parte.
Orfeo se quedó helado. Las partituras que se “reconstruyen” suelen ser obras antiguas de grandes maestros, y hacerlo bien no era nada fácil.
—¿Tú sola la reconstruiste?
—Sí. ¿Por?
Orfeo negó, todavía impactado.
—Nada… solo que eres muy buena.
—Más o menos. —Melisa le dejó claro que sabía quién era—. Comparada con el señor Núñez, me falta muchísimo.
Orfeo se sorprendió.
—¿Me conoces?
Melisa se quedó viéndolo, como si no diera crédito.
—¿Tú no sabes lo famoso que eres? Cualquiera que sepa tantito de música te ubica.
A media plática, un chavo entró corriendo al salón con una invitación en la mano.
—¡Melisa! El señor Jara me dijo que te diera esto.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA