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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 364

Melisa levantó la ceja.

—¿Entonces quieres darme este proyecto de dos mil millones de pesos nada más para que practique?

Mateo no lo negó y lo admitió de inmediato.

—Tú úsalo para foguearte. Si la riegas, no pasa nada, yo te respaldo. Así no dejas que esos viejos de Grupo NovaTec te devoren en cuanto entres.

Melisa sonrió con ternura.

—Gracias. Por ahora solo quiero involucrarme en lo de la plaza. En cuanto a Grupo NovaTec, si Gaspar lo está manejando bien, no tiene caso que yo llegue a pelear el puesto. Eso solo traería problemas a la familia, ¿no crees?

Mateo lo pensó un momento y le dio la razón.

A fin de cuentas, su hermana era joven.

Aunque era una genio, su área era la medicina.

Si no le interesaban los negocios, tampoco la iba a obligar.

Solo que...

—El abuelo está aferrado con Grupo NovaTec, a fin de cuentas, fue lo primero que tus papás te dejaron.

Melisa se quedó helada un segundo.

La verdad es que sabía muy poco de sus papás.

En la casa no había fotos, ni lugares para recordarlos, y ni siquiera tenía memorias de ellos.

—No te quiero presionar con nada, Melisa —agregó Mateo—. Como tu hermano mayor, lo único que quiero es compensarte para que seas feliz toda la vida.

Melisa bajó la mirada, frotándose los dedos, y contestó en voz baja.

—Gracias, hermano.

Mateo tenía que manejar una empresa inmensa y siempre andaba a las carreras.

No pudieron platicar mucho porque ya tenía que entrar a otra junta.

Melisa colgó y justo cuando iba a darle el último trago a su café, se escuchó un relajo tremendo del lado de la cocina.

Volteó y vio a la mujer de la noche anterior, la misma que no parecía estar en pleno uso de sus facultades.

Venía corriendo y dando saltitos, ignorando a los empleados que intentaban detenerla, gritando a todo pulmón:

—¡Osito, un osito grandote! ¡Lleno de pelos!

La señora empezó a dar vueltas por el restaurante vacío.

Como Melisa era la única clienta, la mujer la vio de inmediato, le brillaron los ojos y pegó un grito.

—¡Mi niña!

En cuanto vio a Melisa, salió disparada.

Los de la cocina no pudieron frenarla y corrían detrás de ella muertos de pena.

—¡Híjole, señora Catalina! ¡No corra! ¡Es una clienta! ¡No es su niña!

La señora Catalina llegó hasta la mesa de Melisa y apoyó las manos de golpe, haciendo un ruido fuerte contra la madera.

Cualquiera se habría llevado un buen susto, pero Melisa ni siquiera parpadeó, solo se quedó mirando a la mujer de frente.

Catalina se le acercó con una sonrisa enorme en la cara.

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