Aunque parecía que le hablaba a Melisa, decirlo frente a todos era su forma de anunciar públicamente que él, Dani, no tenía absolutamente nada que ver con Yori, y que tampoco movería un solo dedo por ella en el futuro.
Los guardaespaldas arrastraron sin piedad a la mamá de Patricia, a sus acompañantes y a Yori junto con su madre hacia la salida, como si estuvieran barriendo basura molesta.
Aquel enorme drama terminó gracias a la mano dura de Dani y al control absoluto de Melisa.
Melisa ya suponía que su hermano mayor y Dani habían planeado todo eso juntos, así que asintió hacia Renato.
—Dale las gracias de mi parte.
Renato sonrió, entendiendo todo.
—Se lo haré saber.
Renato pensó para sus adentros: *«Estos dos... uno manda pedir disculpas con rodeos y la otra agradece con una frialdad tremenda. Ojalá que, ahora que se deshicieron de la plaga de Yori, por fin se reconcilien»*.
Tras el escándalo, el veto definitivo ordenado por Plaza del Roble se corrió como pólvora entre la gente de su círculo.
De la noche a la mañana, los negocios de la mamá de Patricia y sus amigos se quedaron vacíos. No solo perdieron grandes contratos, sino que su clientela de clase alta los abandonó por completo. Las millonarias pérdidas cayeron como una maldición sobre esas familias, que terminaron al borde de la ruina.
Patricia, que todavía estaba recuperándose en casa, se quebró por completo cuando su histérica madre le gritó en la cara lo estúpida que era. Ya sentía culpa por lo que le hizo a Melisa, pero había mentido por las amenazas de Yori. Y ahora, ¡le había salido el tiro por la culata! Yori era una impostora; todo lo que dijo fue una farsa. No solo no los había convertido en millonarios con locales en la plaza, ¡sino que los había arrastrado a la bancarrota!
Esa misma noche, al enterarse de la verdad, Patricia enloqueció y publicó hilo tras hilo en el foro de la escuela, exhibiendo todas las porquerías de Yori con los peores insultos posibles.
Sus otras compañeras, que también habían perdido todo, no tardaron en unirse y darle la espalda en masa.
Las mismas niñas que solían ser las fieles perritas falderas de Yori y que la ayudaban a molestar a Teresa Manrique, se convirtieron en sus verdugos más crueles. La hicieron pedazos en internet, e incluso subieron la foto de Yori toda golpeada siendo sacada a patadas de la licitación de Plaza del Roble, parada junto a Sofía, que llevaba puesto su uniforme de sirvienta.
Esa era la "verdad" que acabaría con todo.
De un día para otro, el tema de "la hija de la sirvienta que fingió ser la novia de un hombre poderoso" se volvió la comidilla de toda la escuela, y Yori, el blanco de todas las burlas.
Como nadie sabía mejor que ella el infierno que le esperaba si iba a clases ahora que todos sabían quién era, prefirió quedarse en la casa, acurrucada frente a la puerta de Dani, aferrada a la idea de recibir una explicación.

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