Por la expresión de Tobías, era evidente que esos dos no eran simples conocidos.
Efectivamente, el hombre confesó con voz ronca:
—Estuvimos entrenando juntos. Debutamos al mismo tiempo, éramos amigos, pero al final su grupo fracasó y lo deshicieron. Me buscó un par de veces para pedirme favores, pero yo tenía la agenda a tope y no pude ayudarlo. Después de eso dejamos de hablar.
Melisa siguió hojeando los perfiles.
Foni de verdad sobresalía entre todos los candidatos; de no ser así, ella tampoco habría notado nada raro cuando lo vio en la cafetería la otra vez.
Levantó la vista hacia Regina.
—¿Cuándo son las audiciones para el nuevo cantante?
—Pronto —respondió Regina, sabiendo que ya no tenía sentido ocultar nada—. El grupo Apex está pegando durísimo, es uno de los proyectos más fuertes de la empresa. No podemos detener todo nada más porque les falta el vocalista principal. Además, con la lesión de Tobías, se nos cayeron muchísimos contratos. Ya pagamos todas las penalizaciones por él; hicimos más que suficiente.
Desde la perspectiva de la agencia, haberle pagado el hospital a Tobías, cubierto las multas por incumplimiento de contrato y lograr que el culpable pagara ante la ley ya era mucho.
A fin de cuentas, eran una empresa, no una fundación de caridad.
Melisa notó que la mirada de Tobías se apagaba.
Tras pensarlo un segundo, propuso:
—¿Y por qué no posponen la fecha de la audición? Así le dan tiempo a la garganta de Tobías para desinflamarse, y que compita contra los demás candidatos. Tu negocio no se ve afectado y Tobías tiene la oportunidad de pelear por su lugar sin quedarse con las ganas.
Regina, considerando que Tobías tenía línea directa con Nicanor Núñez y con Melisa, lo pensó un momento y aceptó.
—Me parece bien. Si usted me lo pide, Doctora, no se lo puedo negar.
A Tobías se le iluminaron los ojos.
—¡Gracias!

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