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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 42

—¿Qué traes, Melisa? —preguntó Nicanor al verla ida—. ¿En qué piensas?

Melisa reaccionó.

—En nada… Solo siento que siempre te metes en cosas peligrosas. Deberías traer más gente cuidándote.

Ese interés le subió el ánimo a Nicanor.

—No te preocupes. Yo me sé defender. Hasta con Dani Soto me doy un tiro parejo. No te me estreses.

Melisa asintió, pero por dentro no pensaba lo mismo. Iba a tener que poner a alguien a vigilar los movimientos de esa mafia… y de paso, reforzar la seguridad de su hermano.

Por fin tenía familia que la quería. Y no iba a dejar que le pasara nada.

Esa noche, los Núñez cenaron juntos para darle la bienvenida a Melisa.

La mesa estaba llena de comida de todo tipo. El abuelo Núñez la jaló con entusiasmo para que se sentara.

—A ver, Melisa, checa qué se te antoja. Y si quieres otra cosa, le digo a la cocina que lo hagan.

—Yo como de todo —dijo Melisa—. No soy especial.

Tomó una cucharada del postre caliente y dulce que tenía enfrente. Estaba buena. Justo entonces, Camila habló desde el otro lado:

—Lorenzo, ya te dije mil veces: cuando comes no hagas ruido. Aprende de tu hermana.

Lorenzo respondió de mala gana.

—Bueno, ya. No voy a comer como… como un salvaje.

Y de reojo, le tiró la indirecta a Melisa.

Melisa estaba tomando la sopa; la cuchara rozó el plato e hizo un sonido leve. Claudia lo vio y de inmediato se puso en “modo fina”: espalda recta, movimientos medidos, cada cucharada calculada.

Melisa también la vio. Sí, Claudia comía con postura impecable. Y Melisa podía hacerlo… solo que no le veía el caso.

Si se ponía a comer así, no llegaba a la carrera de esa noche.

A su lado, Nicanor, para que ella no se sintiera incómoda, levantó el plato y se tomó la sopa de un jalón, aunque estuviera caliente. Luego lo dejó vacío y refunfuñó:

—Ya, hombre. Es cena, no examen. Aquí no hay extraños. ¿Para qué tanta mamada?

Camila se quedó rígida, pero no pudo contradecirlo.

—Tienes razón… Es que yo estoy acostumbrada a ser estricta con mis hijos.

—¿O sea que si mi hermana roza el plato ya no tiene educación? —Nicanor le contestó—. Que coma como quiera.

Le dio una palmada en el hombro a Melisa.

—Tú come a tu gusto.

Lo de Claudia se volvió innecesario. Y por dentro se le empezó a revolver la inseguridad: sus “hermanos” siempre eran educados… pero con Melisa, todo cambiaba.

El abuelo Núñez también agarró su plato y se lo empinó con ganas. Luego se limpió la boca con la manga, como si nada.

—Yo de joven trabajé en el campo y luego arreglando carros por propinas. Cuando traía el hambre encima, comía como se pudiera. Y aunque fuera arroz con salsa, sabía a gloria. Y ahora míranos…

Capítulo 42 1

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