Lucas estaba que se moría de coraje. Al final solo soltó, furioso:
—De veras no tienes remedio. ¿Crees que sin mi equipo vas a ganar? Melisa, te vas a llevar una arrastrada.
Vicente, emocionadísimo, llevó a Melisa al registro para que firmara bajo el nombre de su equipo.
Al ver que Melisa se había ido con otro, los compañeros de Lucas se le fueron encima con preguntas.
—¿Qué onda? ¿Por qué Melisa se metió con el equipo de Vicente?
Verónica, con voz frágil, dijo:
—Seguro fue por mí… como entré yo, Melisa ya no quiso venir. Mejor me salgo, ¿no?
Lucas lo negó de inmediato.
—¿Cómo crees? ¡Con todo lo que entrenaste conmigo!
Verónica casi lloraba.
—Pero Melisa no quiere… si quieres voy con ella a pedirle perdón. Voy a rogarle.
—¡No hay nada que rogar! —Lucas tronó—. Yo no necesito a Melisa a fuerzas. La invité por lástima. Sin ella igual ganamos.
En el equipo de Vicente, todos recibieron a Melisa con gritos y aplausos. Estaban emocionados de tenerla.
Vicente le preguntó:
—Jefa, esta ruta de montaña está pesada. El clima cambia en un segundo y la temperatura se cae feo. ¿Qué vuelta quieres correr?
En esta competencia, cada equipo sacaba a seis pilotos. Cada uno corría una vuelta completa y al final se sumaban los tiempos. El que tuviera el menor tiempo total ganaba: así funcionaba el relevo mundial.
Y antes, el equipo de Lucas ganaba porque Melisa recortaba tiempo suficiente para compensar lo que perdía Verónica.
Ahora, con la pista más difícil, Melisa miró hacia donde estaba Verónica y analizó:

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