Las pestañas de Melisa temblaron. Él la tomó en brazos y la bajó del auto, dejándola a salvo bajo el techo de la entrada. Las puntas de su cabello y sus hombros estaban húmedos, y la ropa mojada se pegaba a su pecho, marcando sus músculos.
Esa imagen no dejó en paz a Melisa ni siquiera cuando entró a su habitación. Su corazón seguía latiendo a mil por hora.
***
La publicación que Alba había hecho un par de horas antes cobró vida de nuevo.
Era una foto donde se frotaba los ojos, como si hubiera llorado, acompañada de la frase: «Todo saldrá bien».
Casualmente, en el fondo de la foto se veía a la médica naval abrazando la silla con cara de enojo, y a Melisa observando la escena desde un lado.
Los internautas no tardaron en armar un circo en los comentarios. Alguien, haciéndose pasar por parte del staff, "filtró" la historia de cómo unas extras le habían robado la silla a la actriz, desatando la indignación de todos, que no paraban de darle ánimos a Alba.
En internet, a Melisa la estaban haciendo pedazos.
Y justo en ese momento, Susana, que llevaba siglos sin publicar nada en Twitter, etiquetó directamente a Alba con una sola palabra:
[Mosca muerta]
El estatus de Susana en el medio estaba a años luz del de Alba. Era una máquina de ganar premios musicales y tenía una cantidad de seguidores absurda. Todos sabían que se dedicaba a su música y, si acaso, actuaba por gusto, pero jamás se metía en polémicas ni peleas baratas.
Era la primera vez que hacía algo así, lo que de inmediato hizo sospechar al público que había gato encerrado.
Paula también le dio me gusta a la publicación de Susana. En cuestión de minutos, el tema explotó y todo el mundo empezó a crear teorías.
Un segundo antes, Alba estaba feliz por el apoyo de sus fans y convencida de que había destrozado las aspiraciones de esa tipa. Pero al ver la intervención de Susana y de Paula, la rabia la consumió de inmediato.
Aventó el celular a la cama.
—¡Ja! ¿Desde cuándo Susana se rebaja a defender a la amante de alguien? Ojalá no se ensucie las manos por meterse donde no la llaman.
En ese momento, su asistente abrió la puerta de golpe, pálido y con el pánico reflejado en el rostro.
—¡Problemas! ¡El director acaba de cortar tus escenas!
El teléfono de Alba resbaló y cayó al piso. Su rostro se desfiguró de la furia.

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