—¡Luz Dorada Films cancela tu contrato ahora mismo! ¡La empresa se reserva el derecho de exigirte el pago por todos los daños y penalizaciones que acabas de causar! ¡Ahora, levántate y lárgate! ¡No ensucies mi oficina!
Alba se quedó en el suelo, como si le hubieran arrancado el alma. Frente a sus ojos solo quedaba una infinita y desesperante oscuridad.
***
En el estudio de grabación, los candidatos preseleccionados para el puesto de vocalista ya estaban presentes.
Foni vio cómo Melisa caminaba directamente hacia la cabina de control. No pudo contenerse y se burló de Tobías:
—¿Qué pretendes trayendo a la señorita Serrano? ¿De verdad crees que ella, o más bien los contactos de Nicanor que la respaldan, te van a ayudar a recuperar tu lugar?
Tobías lo miró con frialdad y le respondió de forma tajante:
—Ya te lo dije, nunca he tenido que rebajarme a usar trucos sucios. En eso, tú y yo somos muy diferentes.
Ambos siguieron a Melisa con la mirada.
Vieron cómo, al entrar a la cabina, esos productores veteranos, que normalmente eran unos pesados y miraban a todos por encima del hombro, se pusieron de pie al unísono. Con sonrisas amables e incluso un toque de servilismo, se acercaron a saludarla y casi la escoltaron hasta el asiento principal, el de la consola central.
Melisa, que en teoría solo iba a observar, terminó con una hoja de evaluación y una pluma en las manos, asumiendo el puesto de juez en ese mismo instante.
Uno de los músicos más reconocidos le dijo con una sonrisa:
—Si hubiéramos sabido que iba a venir, le habríamos dejado esta decisión a usted desde el principio.
A través del cristal insonorizado, Foni no podía escuchar lo que decían, pero la evidente admiración y respeto en los rostros de esos hombres hizo que se le formara un nudo en el estómago. Un mal presentimiento comenzó a invadirlo.
Él los conocía. Eran figuras pesadas en la industria, jueces en certámenes de prestigio como el de Steinway. Cada uno de ellos era una eminencia, ¿y ahora estaban tratando a Melisa con una actitud que rayaba en la veneración? ¿Qué estaba pasando?
Al final, Melisa se sentó en el lugar principal. La rodeaban justamente los mismos músicos que habían sido jueces en el concurso Steinway, quienes todavía tenían muy presente su impecable presentación en el piano y, por eso, la trataban con tanto respeto.
Foni entró en pánico. Ese asiento estaba reservado únicamente para quien tenía la última palabra en la elección del vocalista.
Rápidamente se acercó al cristal, lo golpeó con los nudillos y pidió que encendieran el intercomunicador.
Antes de que la prueba siquiera comenzara, Foni levantó la voz para quejarse, insinuando que la evaluación estaba amañada:

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