De inmediato, las publicaciones sobre Melisa inundaron todo el internet; la sección de comentarios de cada una era un hervidero de discusiones.
«¿Alguien que me despierte? ¡Díganme que esta fanática loca a la que le tiramos miles de insultos es en realidad la heredera del hombre más rico, una eminencia médica y la última discípula del legendario señor X!».
«¡Qué estupideces estuve diciendo! ¡Le suplico perdón a la jefa! ¡Me voy a tragar mis palabras del arrepentimiento!».
«¡Así que todo lo que dijo nuestro Tobías era verdad! ¡Y nosotros no solo no le creímos, sino que atacamos en internet a la mujer que le salvó la vida en su propia cara!».
«¿Entonces por qué ese hospital privado dijo que sus cuerdas vocales no tenían cura? ¡Seguro les pagaron!».
Al mismo tiempo, el hospital privado que tenía negocios sucios con Alicia recibió una avalancha de denuncias anónimas en internet. Salieron a la luz pruebas contundentes: videos de Foni y Alicia entrando juntos al lugar, negociaciones a puerta cerrada con el director y evidencias de que llevaban tiempo viviendo juntos.
Foni, que acababa de salir del edificio de la empresa, aún no sabía que las redes sociales estaban ardiendo. Se acercó a su reducido grupo de seguidores fingiendo estar devastado y, con los ojos llorosos, se disculpó:
—Perdónenme por fallarles. A pesar de todo, debido a unas elecciones injustas, me eliminaron de la competencia para ser el vocalista principal de Apex...
Quería ganar compasión y tranquilizar a sus fans, pero al segundo siguiente, una botella de agua salió volando desde la multitud y le dio un golpe sordo en la frente. El dolor lo hizo retroceder dando un traspié, con la mirada llena de incredulidad.
Acto seguido, una fan gritó:
—¡Nos equivocamos contigo!
—¡Tú eres el culpable!
—¡Basura, trepaste acostándote con la mánager del grupo!
Cada palabra era una puñalada que terminó por hundir a Foni. Sin entender del todo qué pasaba, huyó despavorido. Con el corazón a mil por hora, miró aterrado las notificaciones que no paraban de llegar a su celular. Al ver que sus escándalos habían sido expuestos, supo que su carrera artística estaba acabada. La impresión fue tanta que se le nubló la vista y cayó desmayado.
Por otro lado, Melisa y Tobías bajaron tranquilamente al vestíbulo principal.
Alba, con el maquillaje arruinado por las lágrimas, corrió a interceptarla. Temblando como hoja, no dejaba de suplicar:
—No sabía que usted era la señorita Núñez, perdone mis ofensas anteriores. Tenga piedad, se lo ruego, no me arruine la vida.
Melisa la miró con indiferencia:
—Cuando iniciaste el linchamiento mediático contra una persona común, ¿nunca pensaste que el karma te alcanzaría? Seguro no es la primera vez que le haces la vida imposible a alguien sin poder.
—¡No lo volveré a hacer, señorita Núñez, se lo suplico! —Mientras hablaba, Alba se aferró al paso de Melisa, llorando y temblando de arrepentimiento—. ¡Me costó muchísimo llegar a donde estoy, no puedo perderlo todo!
Melisa no dijo más y la esquivó para seguir su camino. No creía que ese tipo de personas mereciera compasión. Si ella no fuera la heredera de una de las familias más ricas, en este momento sería la que estaría destruida socialmente.
Tobías la alcanzó y caminó a su lado:
—¿Tienes planeado ir a La Esperanza?

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