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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 513

—Leche —dijo Melisa—. Ya tomaste suficiente alcohol por hoy. La leche tibia con miel te va a caer mejor después de haber tomado tanto.

—De acuerdo —asintió él. La tristeza de haber estado tomando solo en su cumpleaños ya se le había curado por completo.

Al final, pasaron al área de frutas. Dani escogió unas manzanas y naranjas que se veían muy buenas, y al ver unas fresas bien rojas, también agarró una caja.

—Para el postre —explicó.

En la caja, el empleado vio el carrito lleno de carne, verduras, botanas y bebidas. Luego miró a la pareja, que para nada tenían facha de cocinar en casa, y les dijo con una sonrisa: —Se ve que se consienten, llevan pura cosa rica.

Dani, que andaba de excelente humor, asintió y tomó las bolsas. Las dos pesaban bastante, pero él las levantó con una sola mano sin esfuerzo, y con la otra volvió a agarrar la mano de Melisa de lo más natural.

Al salir del súper, el viento helado les dio en la cara, pero no fue suficiente para enfriar el ambiente tan agradable que había entre los dos.

La luz de la calle alargaba sus sombras, que se veían muy juntitas.

—Oye... —Melisa se detuvo de golpe y levantó la vista hacia el cielo oscuro—. Está nevando.

Unos copos finos y brillantes caían lentamente, viéndose como polvo de oro bajo la luz del alumbrado público.

Melisa estiró la mano para atrapar un copo helado, que se derritió en sus dedos.

De verdad era la primera nevada del invierno.

Dani también levantó la cara, dejando que la nieve helada le cayera en el rostro, pero luego bajó la mirada para clavarla directamente en los ojos claros de Melisa.

Apretó su mano y se la metió a la bolsa de su chamarra para calentarla.

—Sí, está nevando —dijo en voz baja, con un tono lleno de ternura y satisfacción—. Vámonos a casa.

La nieve volaba con el viento y, de vez en cuando, pasaba un coche junto a ellos.

En ese momento, Dani deseaba poder congelar el tiempo y quedarse en esa noche para siempre.

Jamás se imaginó que el día que más odiaba y del que nunca quería hablar, se convertiría en su momento favorito.

Renato fue el primero en ver la publicación. Por fin pudo respirar tranquilo después de estar preocupado toda la tarde, y sonriendo, le dejó un comentario: «¡Feliz cumpleaños, coronel!».

Abajito, todos los ejecutivos de Grupo Soto empezaron a copiar y pegar el mismo comentario de Renato.

Más tarde, hasta la cuenta oficial de la empresa publicó un mensaje deseándole feliz cumpleaños.

Cuando Melisa salió con los platos, vio a Dani riéndose frente al celular. —¿Qué ves?

—Viendo la cena que preparaste —en la pantalla de Dani estaba la foto que acababa de tomar—. Me encantó. A la próxima yo aprendo a cocinarte a ti.

Melisa se acordó de la vez que comieron aquel guiso raro juntos y soltó una pequeña sonrisa. —Va.

Por otro lado, en la casa de la familia Soto, la cena ya casi terminaba y Jéssica no había recibido ni un solo mensaje de Dani, lo que le daba un coraje entripado.

—Qué maleducado es este muchacho —murmuró Jéssica—. No me contesta el teléfono ni los mensajes. Nada más me tiene con el Jesús en la boca.

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