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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 545

A Nicanor le saltó la vena de la frente. Apretó la mandíbula y, mascullando de rabia, escupió su nombre:

—¡Te-re-sa!

Pero la causante del desastre parecía haber completado la hazaña de su vida.

Tras vomitar, se sintió de maravilla. Levantó la mirada con los ojos medio cerrados y hasta se limpió la boca con la manga de la camisa, sin tener ni idea de la que acababa de armar.

Al verle la cara de demonio a Nicanor, a Teresa no le dio ni una pizca de vergüenza.

—Ay, gracias. En el baño no podía vomitar con nada, pero ahorita ya me siento muchísimo mejor.

Melisa, que justo iba llegando a buscarla, presenció toda la escena y no aguantó la risa.

Nicanor le echó una mirada fulminante, pero al ver que era su hermana, puso cara de indignación.

—Tu amiguita me agarró de bote de basura y tú todavía te ríes.

—Apenas es una niña, no seas tan duro con ella —dijo Melisa, aguantándose las carcajadas—. Dejaré que alguien la lleve de regreso al hotel.

—Olvídalo, yo la llevo. De todos modos, tengo que ir a cambiarme esta porquería.

—Nicanor, con el ceño súper fruncido, se quitó el saco sucio, se lo colgó en un brazo y, con el otro, cargó a Teresa en vilo para llevársela.

Melisa lo vio y no pudo evitar advertirle:

—Oye, recuerda que ella es de mi equipo.

Nicanor se detuvo en seco.

—Ya lo sé.

—¿De qué me voy a preocupar? Si el tipo está metido en problemas a cada rato. Además, es un rescate de rutina para él; segurito lo saca adelante y regresa sano y salvo.

Susana lo decía súper convencida, y aprovechó para calmar a Melisa, que no le quitaba los ojos de encima a la pantalla:

—Tranquila, Melisa. Te apuesto lo que quieras a que no le va a pasar nada.

Melisa no dijo ni pío. Estaba atenta al reporte del clima que daba el conductor de noticias, y poco a poco, fue frunciendo el ceño.

Por lo que ella sabía sobre las capacidades de los barcos militares, era imposible meter un helicóptero en esa zona de riesgo, pero un buque de rescate sí podía entrar. Aunque las olas alcanzaran los catorce metros, el barco aguantaba eso sin problemas.

Si Dani todavía no había dado la orden de actuar, seguro había gato encerrado.

Al mismo tiempo, en la cabina de mando del buque, Dani tenía una expresión gélida mientras observaba el mar caótico que tenía enfrente.

La situación era mucho más complicada de lo que se había imaginado.

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