—Sí, esa misma, la muchachita que llegó de quién sabe dónde. Yo decía: “¿y esta qué, queriendo jugarle a la importante?”… pues ya vi que usted la trae detrás —se burló Sergio.
Soltó una risa fría.
—El Nexo-7 que Melisa le dio a Dani Soto… lo hicieron con la fórmula que usted le robó a los Silva, ¿verdad?
—El señor Silva le da una oportunidad: con que nos devuelva la fórmula, aquí se acaba todo.
—Esto no se acaba así.
Una voz de mujer, helada, les llegó por la espalda.
Melisa se quitó el casco. En sus ojos se prendió una luz peligrosa. Agarró del cuello de la chamarra al primero que tenía enfrente y lo jaló hacia atrás con fuerza. El tipo apenas se tambaleó intentando recuperar el equilibrio cuando ella ya le metió un rodillazo al estómago. Se dobló del dolor y cayó hecho bola.
Dos más se le fueron encima con palos. Melisa se hizo a un lado, atrapó la muñeca de uno y se la torció con brutalidad. Se oyó un crujido seco; el tipo gritó y el palo se le cayó de las manos.
El otro ni alcanzó a reaccionar: Melisa giró y le barrió con una patada la parte de atrás de la rodilla. Lo mandó al piso de rodillas, aplastado.
Melisa pisó el palo en el suelo y miró al resto, fría.
—El que vuelva a tocar Botica de los Santos… le juro que no va a poder ni sostener una cuchara en lo que le queda de vida.
Sergio, el cabecilla, no se esperaba que una estudiante “frágil” supiera pelear. En nada, los que llevó ya estaban tirados.
Se le cruzó el miedo por la cara.
—Te lo advierto, Melisa: la familia Silva puede hacer que todos aquí terminen en la cárcel por robo de propiedad intelectual.
Melisa soltó una risa amarga.
—Quién termina en la cárcel… está por verse.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA