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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 568

—Julio...

Claudia miró hacia atrás con frustración.

El enorme yate brillaba bajo el sol, y la cubierta estaba llena de gente elegante. Las risas llegaban hasta ella traídas por el viento.

Ese era el tipo de ambiente en el que Claudia sentía que realmente encajaba.

Justo en ese instante, un hombre apuesto de traje se acercó a ellos.

Sin siquiera mirar a Julio, se dirigió directamente a Claudia y le propuso:

—Señorita, ¿por qué no sube al barco conmigo? Es evidente que su acompañante no tiene el nivel para invitar a bailar a una mujer tan hermosa como usted.

La intervención del desconocido tomó a Julio y a Claudia completamente por sorpresa.

Las palabras del hombre de traje fueron un golpe directo al orgullo de Julio. Su ego, que ya venía muy golpeado, quedó hecho pedazos.

El hombre lo ignoró por completo, tratándolo como si fuera un fantasma. Ese desprecio tan evidente dolió más que cualquier insulto.

Claudia observó al extraño. Tenía una presencia imponente y una sonrisa algo coqueta; su corazón comenzó a latir más rápido.

Su instinto le decía que ese tipo era alguien importante, tal vez un millonario extranjero.

—¿Y tú quién te crees?

Julio apartó a Claudia hacia atrás y se plantó frente al hombre, tratando de recuperar algo de orgullo.

El hombre de traje lo miró con calma, esbozando una sonrisa burlona:

—¿Yo? Solo soy un caballero que no soporta ver a una mujer tan linda perdiendo el tiempo con perdedores.

Hizo mucho énfasis en la palabra «perdedores», clavándole una estaca en el pecho a Julio.

—Si no puedo entrar es por culpa de...

Julio se calló a la mitad de la frase, pero su tono sonaba acusador.

Al ver la mirada lastimada de Claudia, se tragó su coraje.

Para demostrar su lealtad, Claudia le dijo al desconocido:

—Tengo muchas ganas de ir al baile, pero si mi novio no entra, yo tampoco voy.

Julio se sintió conmovido y el último rastro de su enojo desapareció por completo.

El hombre de traje lo pensó un momento, se acercó a hablar con los guardias de la entrada y luego se apartó para hacerle una llamada directa a Ángel.

Nadie supo qué le dijo, pero al final, la seguridad los dejó pasar con una advertencia:

—Pueden entrar, pero solo porque el señor Carl los respalda.

Viéndolos subir al barco, a Melisa se le dibujó una pequeña sonrisa en los labios.

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