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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 587

Claudia bajó la mirada, fingiendo ceder.

—Si en cuanto bajemos del barco vas a mi casa a pedir mi mano, te lo perdonaré.

Julio la abrazó con todas sus fuerzas.

—¡Es lo que más deseo!

Dani soltó una burla por lo bajo.

—Los señores Almeida son bastante astutos. No me explico cómo terminaron criando a un hijo tan tarado.

—Qué venenoso eres —Melisa sonrió—. Pero bueno, sigue siendo su hijo y seguro lo apoyarán. Si Claudia de verdad ya decidió que Julio es el indicado, supongo que los padres terminarán aceptándolo.

Dani la miró de reojo.

—Habrá que ver qué elige al final.

Sebastián era un amigo extranjero de Melisa, a quien ella había tratado médicamente en el pasado. Melisa lo había mandado llamar específicamente para montar esta obrita de teatro y poner a prueba el futuro de los Almeida y Julio.

El telón de esta farsa caería una vez que desembarcaran. Si Claudia realmente apostaba por Julio y no caía en la tentación, nadie más volvería a interferir en su relación.

Por el lado de Lucía, la situación era otra.

El simple hecho de recordar que se había revolcado con un mocoso recién salido de la universidad, y que además ambos habían estado gritando nombres de otras personas, la hacía querer morirse de la vergüenza.

Ese crucero era un microcosmos de la alta sociedad. Cualquier rumor se propagaba por todos lados en cuestión de segundos, sobre todo cuando se trataba de un escándalo como ese.

Era obvio que en ese preciso momento, decenas de grupos de WhatsApp estaban analizando a detalle su "actuación" con Julio. Quienes le tenían envidia o algún roce en el pasado, seguramente se estaban riendo a carcajadas a sus expensas.

Lucía jamás había pasado por una humillación semejante, y para colmo, ya se había dado cuenta de que a ella también la habían drogado. La culpa la tenía aquel vaso de agua que le había dado Luna.

Para cuando Matías y Luna llegaron a la puerta de su habitación, Lucía ya había hecho pedazos todo lo que se podía romper. Al ver a Luna, la miró como si viera al mismo diablo, agarró un cenicero de cristal y se lo arrojó a la cabeza.

Luna soltó un grito y soltó una maldición. Matías se interpuso de inmediato para protegerla, recibiendo el impacto directo en la espalda.

Lucía estaba histérica.

Agarró otro florero decorativo, dispuesta a lanzarlo, pero Matías se adelantó y le sujetó la muñeca con fuerza.

—¡Lucía, tranquilízate! —le advirtió Matías en voz baja, con un tono lleno de fastidio reprimido—. Lo hecho, hecho está. ¿De qué sirve que hagas tus berrinches? ¡Lo urgente es pensar cómo arreglar esto!

—¿Arreglarlo? ¡¿Y cómo pretenden arreglarlo?!

Lucía se zafó de un tirón y dio un paso atrás, tambaleándose. Las lágrimas se mezclaban con su costoso maquillaje, dándole un aspecto lamentable.

—¡¿Qué va a pensar Dani de mí?! ¡Jamás me va a querer después de esto!

Incluso en ese punto, lo que más le importaba era la opinión de Dani.

Luna observaba el colapso emocional de Lucía con frialdad. No sentía ni un gramo de culpa, solo desprecio y la molestia de haber sido interrumpida.

Se arregló la manga que Lucía le había jalado y, con un español acentuado pero perfectamente claro, le dijo:

—Eres la hija del Comandante General del Ejército, nadie se atreverá a verte de menos. Esos videos desaparecerán de la red muy pronto.

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