Para ese momento, la recepcionista ya no estaba escuchando nada de lo que decía Eloy. Se salió casi arrastrándose de detrás del mostrador, corrió hasta Melisa y se inclinó profundamente frente a ella. Se le salieron las lágrimas.
—Perdón… perdón, de verdad. Yo no sabía que usted era la hermana del señor Núñez, ¡no lo sabía! Yo pensé que era Claudia… Por favor, perdóneme. De verdad necesito este trabajo.
Melisa podía sentir lástima por las lágrimas de alguien, pero no por las de una persona que trataba a los demás según cómo se veían. Con voz plana, dijo:
—Te di una oportunidad. Te dije que llamaras para confirmar. Pero ni lo más básico de tu trabajo hiciste. Alguien como tú, si se queda en la empresa, quién sabe si mañana por un tema de ropa vuelva a meter en problemas a los Núñez y termine espantando a un cliente importante.
Eloy y Flavio se quedaron helados ante ese giro. No entendían qué estaba pasando.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué hermana? ¿Melisa es hermana de quién? —A Eloy se le hizo un nudo en la garganta—. ¡Explícate bien!
La recepcionista ya ni podía hablar claro. En lugar de eso, se hincó frente a Melisa y le agarró la orilla del pantalón.
—¡Señorita Serrano! ¡Por favor, no deje que me corran! ¡De verdad necesito este trabajo!
En una sucursal del Grupo Núñez, la recepción no era un trabajo pesado ni pedía gran nivel académico. Con que te vieras presentable, podías tener un empleo tranquilo y cómodo. La recepcionista no podía darse el lujo de perderlo, así que no paraba de suplicar, esperando que Melisa le tuviera tantita consideración.
Los ejecutivos que hacía rato se habían sumado a burlarse de Melisa ya habían desaparecido. Por dentro, estaban muertos de miedo, rezando para que Melisa no se acordara de ellos.
Melisa la miró desde arriba, con frialdad.
—Así se aprende.
Entró el guardia de seguridad a paso firme, pero no para sacar a Melisa, sino para llevarse a la recepcionista que seguía aferrada a su pantalón. La iban a pasar a Recursos Humanos para pagarle y sacarla de inmediato. Melisa no intervino.
Ese cambio hizo que a Eloy y a Flavio se les borrara la sonrisa. Se dieron cuenta de que Melisa sí podía tener relación con los Núñez… pero ¿cómo iba a ser posible? ¿Cómo alguien “como ella” podía tener sangre de esa familia?
En ese instante, el elevador soltó un sonido y se abrió. Un asistente con traje a la medida salió rápido, y detrás de él venían seis escoltas vestidos de negro.



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