Al llegar a su casa, Claudia ya tenía empacadas todas sus cosas. Habían quedado en verse a los tres días, y durante ese tiempo, ella mantuvo contacto diario con Sebastián por mensajes.
Pero ya había pasado casi una semana. Sebastián le dijo que había tenido unos contratiempos con sus negocios en Santa María y que se retrasaría un par de días más.
Claudia le mandó un mensaje pidiéndole que, al menos, le comprara su boleto de avión y le diera la dirección de su casa para irse adelantando y esperarlo allá.
Sin embargo, Sebastián la rechazó con la excusa de que su casa era un desastre y no quería darle una mala primera impresión.
La espera ya la tenía desesperada. Quería gritarle sus verdades, pero al recordar que su futuro dependía de él, se tragó el coraje y le contestó con sumisión, diciendo que seguiría esperando.
En ese momento, Lorenzo Blanca abrió la puerta de su cuarto y le dijo:
—Papá dice que te arregles para esta noche. Tenemos una cena.
Claudia se sobresaltó.
—¡No voy a ir! ¿A qué iría yo?
Lorenzo se quedó de pie en el marco de la puerta. Después de unos segundos de silencio, no aguantó más y le ofreció:
—Un amigo mío sale esta noche en avión privado para París. Te puede llevar con él. Al menos podrías desaparecer un rato hasta que se calmen las aguas.
—¿Por qué habría de irme? —respondió Claudia, ensimismada—. Aunque me vaya en avión privado, mis papás me van a encontrar y me van a traer de regreso. Además, tengo que quedarme en casa a esperar a mi novio.
Lorenzo frunció el ceño, incapaz de contenerse:
—¿Qué tiene de malo Julio? ¿Por qué no pudiste simplemente estar bien con él? ¿A fuerza tenías que enredarte con un millonario salido de la nada? ¿Qué tal si te está engañando?
Aunque Lorenzo no había estado en el yate aquel día, al final se movían en el mismo círculo y ya se había enterado de todo por los rumores.
Al escuchar el nombre de Julio, Claudia sintió una punzada de culpa, pero no tardó en ponerse a la defensiva.
—¿Qué otra ventaja tiene Julio aparte de ser joven? No tiene nada, solo buenas intenciones. ¿Acaso los buenos sentimientos dan de comer? ¡Lo más barato en este mundo son las buenas intenciones! Es un niñito caprichoso, no le llega ni a los talones a un hombre maduro y poderoso como Sebastián.
Probablemente él era el único en toda la familia que, después de haber recibido su buena lección por parte de Melisa, por fin había entrado en razón.
***
En cuanto Melisa supo de los planes de Gaspar, fue directo al Grupo Serrano.
Ya les había avisado con anticipación que la accionista principal iba a hacer una visita.
Cuando los miembros de la familia Serrano, vestidos impecablemente, la recibieron en la sala de juntas, a todos les pareció estar viviendo un sueño extraño.
La familia Serrano ya no podía ni costear los servicios de Novygen Biotecnología. Homero, el hermano mayor, había quedado completamente paralizado de la cintura para abajo; estaba condenado a usar silla de ruedas y sonda por el resto de su vida. Bernal había renunciado al hospital para ayudar a su padre a mantener a flote lo poco que quedaba de la empresa.
En cuanto a Lucas, se había llenado de deudas por las apuestas y estaba vetado del automovilismo. Aunque se salvó de ir a la cárcel, ahora se ganaba la vida reparando y modificando coches para ganar algo de dinero.
La familia había perdido todo el lujo de antaño. Hacía mucho que Melisa no los veía y ahora todos lucían avejentados y consumidos por la tensión.

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