Cuando Melisa llegó a las oficinas principales del Grupo NovaTec, ya la estaban esperando en la entrada con un espectáculo montado.
Un montón de empleados de traje dejaron sus puestos a toda prisa, llenando las escaleras con el ruido de sus zapatos y tacones. Se formaron en dos filas en la entrada y la recibieron con una cortesía exagerada en cuanto la vieron.
—Buenos días, señorita Núñez!
Semejante teatro hizo que Melisa detuviera el paso. Miró al hombre que se acercó con una sonrisa complaciente.
—Señorita Núñez, soy Cristóbal Vignolo, el encargado de recibirla hoy. Puede llamarme Cristóbal.
—No era necesario tanto circo —dijo Melisa, dándole un vistazo al grupo de empleados que seguía en posición de reverencia—. Solo vengo a aprender, no a quitarles tiempo de trabajo.
Por supuesto, nadie creía que de verdad fuera a aprender. Con todo el alboroto que hubo en las noticias, todos sabían que su intención era apoderarse de la empresa.
Y aunque reconocían que la chica era astuta y de mano dura, viéndola de cerca, todavía la veían demasiado joven y poco curtida para algo así.
Cristóbal asintió siguiéndole el juego.
—Dígame en qué área le gustaría aprender y con gusto la llevo.
—¿Qué está haciendo el señor Núñez hoy? —cambió de tema Melisa.
Cristóbal respondió con la verdad:
—La junta directiva está reunida discutiendo el proyecto de la nueva torre y la subasta de los terrenos.
—Supongo que mi tío piensa pelear por los terrenos A7 y A8. Iré a escuchar.
Cristóbal se quedó pasmado. No esperaba que ella estuviera tan informada. Rápidamente intentó poner una excusa:
—E-eso va a estar un poco difícil. Es una junta confidencial con el departamento técnico y los altos mandos, no me atrevo a interrumpirlos.
—Uno nunca sabe, sobre todo por lo cercana que eres a los Serrano —Gaspar suspiró y miró a los ejecutivos, haciéndose la víctima—. No pongas a tu tío en una situación incómoda.
Al ver la actitud humilde de Gaspar, sus fieles seguidores en la mesa no tardaron en intervenir, pidiéndole a Melisa que se retirara.
Frente a la clara invitación de Gaspar para que se largara y los reclamos disfrazados de los accionistas, Melisa no se levantó. En su lugar, se recargó en la silla, pasó su mirada tranquila por toda la sala y finalmente la clavó en Gaspar.
El aura intimidante que emitía logró que todos guardaran silencio poco a poco. Solo entonces, habló.
—Espero que les quede claro algo: el Grupo NovaTec no es solo su empresa, es el único legado que me dejaron mis padres. No pienso permitir que el único legado que me dejaron termine en manos de alguien que no sabe cuidarlo. Por eso, como la única heredera de la sangre de los fundadores, tengo que decirles lo que pienso.
No levantó la voz, pero su tono fue tan serio que todos en la sala la escucharon perfectamente.
Los ejecutivos se miraron entre sí. Gaspar, sintiéndose atacado al escuchar que ella insinuaba que él hundiría a la empresa, apretó los puños. Él ya conocía las mañas de Melisa, así que le advirtió con dureza:
—Melisa, las decisiones corporativas no son un juego. Es un asunto muy delicado, no es algo en lo que puedas meterte solo con unas cuantas palabras bonitas.

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