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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 653

Nicanor negó con la cabeza.

—No estoy seguro, pero al menos no nos perjudica. Ahora tenemos a todos los testigos y pruebas.

Al finalizar el juicio, gracias a la defensa de inocencia de Waldo y a la presión de la multitud de espectadores, el juez finalmente golpeó el mazo y dictaminó que Melisa, Nicanor y los demás habían actuado en legítima defensa y en un rescate heroico en el caso de la reserva, declarándolos inocentes y ordenando su liberación inmediata.

Aunque el juez tenía cierta intención de ayudar a esos millonarios, con tanta gente observando, cualquier mínima parcialidad habría acabado con su carrera profesional.

El juicio concluyó a la perfección.

Melisa, ya libre de cargos, se levantó y fue al baño. Se lavó la cara rápidamente; mientras el agua corría por el grifo, una mujer vestida con traje de oficina entró al lugar.

Se paró junto a Melisa fingiendo retocarse el maquillaje, pero de reojo no dejaba de examinarla de cerca.

Había tanta gente presenciando el juicio y tantas miradas fijas que Melisa no había notado a esta mujer hasta que se paró a su lado; esa mirada cargada de desprecio le causó una ligera incomodidad.

Tomó una toalla de papel para secarse las manos y se dio la vuelta para salir.

La mujer detuvo su retoque de maquillaje, miró la espalda de Melisa alejándose en el espejo y murmuró en voz baja:

—Conque fue por ella que cedió ante papá. Tiene algo de habilidad, pero tampoco es para tanto.

Melisa y Nicanor salieron del tribunal. Afuera llovía a cántaros, pero todavía había un sinfín de personas con paraguas apoyándolos y vitoreándolos.

Melisa miró a Nicanor y ambos intercambiaron una sonrisa.

—Gracias por acompañarme, Nicanor.

Nicanor le pasó el brazo por los hombros.

—Tu hermano siempre será tu escudo.

Todo el equipo de Comercial Novierra, que había estado esperando afuera, también agitó los brazos emocionados.

Rocío gritó:

—¡Valió la pena amanecernos para confeccionarles la ropa, lucen simplemente perfectos! ¡Teresa, eres increíble, lograste que las medidas de Nicanor encajaran sin un solo margen de error! ¡Tienes un ojo clínico!

Teresa sonrió con incomodidad; no quiso dar más detalles de que, en realidad, había tomado las medidas con las manos.

Otro compañero al lado comentó:

—¡Este momento merece celebrarse! ¡Fiesta de celebración! ¡Tenemos que organizar una cena!

En ese momento, un elegante coche negro se detuvo directamente frente a Melisa.

La puerta se abrió y el hombre en el interior extendió una mano para abrir un paraguas negro antes de inclinarse para salir.

Sus facciones eran sumamente atractivas, de hombros anchos y cintura estrecha; el traje delineaba la tensión de sus músculos, desprendiendo una masculinidad abrumadora.

Los reporteros no pudieron evitar tomarle fotos a él también.

Ver a esos tres juntos era un verdadero deleite visual.

—Vine a recogerte.

El paraguas se inclinó sobre la cabeza de Melisa y el hombre, con su inconfundible aroma a hierbas dulces, se acercó a ella.

Melisa levantó la mirada hacia él, dándose cuenta de todo.

—Tú protegiste a Aria. De lo contrario, no había explicación para que Dani apareciera aquí.

El hombre le acarició el cabello con una sonrisa llena de adoración, pero con un tono que no podía ocultar cierto reproche:

—Me ocultaste que ibas a la línea de frente por mí, ¿acaso no me permites hacer lo que esté a mi alcance por nosotros?

—Sabía que volverías a actuar por tu cuenta. Menos mal que esta vez Nicanor te acompañó y te cubrió las espaldas, de lo contrario, ¿cómo ibas a pelear contra tanta gente?

En realidad, la gente de Melisa estaba emboscada en los alrededores; al ver que no sería necesario usar a su equipo, decidió no llamarlos.

Sin embargo, no mencionó eso y bajó la cabeza obedientemente.

—No habrá una próxima vez, Mateo.

Mateo replicó:

—Tú siempre dices que no habrá una próxima vez.

Melisa solo mantuvo la cabeza agachada asumiendo su culpa.

Orfeo le dio un empujoncito a Mateo.

—Ya déjala en paz, además, fue idea tuya que nuestro hermano la siguiera.

Mateo suspiró.

—Sé que Melisa es muy capaz, pero no puedo evitar preocuparme.

Leopoldo jaló a Melisa para que se sentara a su lado.

—Ya, ya. Si ya sabemos cómo es su hermana, solo cuídenla más en el día a día. Además, hizo una buena obra.

Toda la familia se sentó a la mesa, mientras que los empleados de Comercial Novierra se sentaron en otra.

Nicanor miró hacia allá disimuladamente; al ver a Teresa sosteniendo un vaso de jugo y platicando muy sonriente con un compañero de trabajo, su expresión se oscureció sin darse cuenta.

Como si sintiera su mirada, Teresa lo miró de reojo y luego giró la cabeza fingiendo no haberlo visto, aunque apretó el vaso con más fuerza.

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