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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 663

Se paró frente al espejo, observando sus mejillas sonrojadas y sus labios un poco hinchados. Al recordar la forma en que Dani casi había perdido el control, tan diferente a su típica actitud fría y dura, el corazón aún le latía desbocado.

Cuando logró calmarse, salió del baño secándose las manos con una toalla. Dani ya se había puesto los pantalones, aunque seguía sin camisa, sentado con pereza en la silla de ella. Había un par de pañuelos en el bote de basura, por lo que se notaba que él también se había limpiado un poco. Al verla acercarse, volteó la cabeza y la siguió con la mirada; su pecho bronceado brillaba con un aspecto saludable bajo la luz.

Melisa llegó junto a la cama y, antes de que pudiera decir algo, él la jaló del brazo, haciéndola caer sobre sus muslos firmes.

—¿Sigues celoso? —preguntó Melisa, levantando una ceja con tono de burla.

Dani se quedó callado unos segundos. Aunque le daba algo de pena haber malinterpretado las cosas, era demasiado orgulloso para admitirlo y le siguió el juego:

—Si la próxima vez voy a recibir el mismo trato que esta noche, sí.

Melisa no pudo evitar reírse. Dani volteó la cara y clavó la vista en sus labios sonrientes; su mirada se volvió aún más intensa. Levantó la mano, acariciándole el labio inferior con la yema del pulgar, y murmuró con voz ronca:

—Repite lo que acabas de decir.

—¿Qué cosa? —Melisa no entendió de inmediato.

—Di que solo te gusto yo.

La recámara se sumió en un breve silencio.

—Solo me gustas tú.

***

Peter por fin contestó la videollamada de Melisa. De fondo se veía una recámara de madera con una ventana redonda que daba al mar. Él era idéntico a su foto de perfil y tenía una sonrisa muy lambiscona. Sin embargo, la primera persona en aparecer en la pantalla no fue Melisa, sino Dani, quien acababa de apoderarse de la silla frente al escritorio. Melisa estaba sentada con las piernas cruzadas en la orilla de la cama, un poco más atrás.

—Vaya, pero si es el famosísimo comandante naval —dijo Peter, borrando un poco su sonrisa antes de mirar a Melisa—. Conque lo hace por él, ¿eh?

—No puedo usar mi nombre real para hacer tratos con este tipo de gente, ¿o sí? —se excusó Melisa.

—Pensé que te llamarían «Médica Milagro».

—Uso distintos nombres clave según la ocasión —aclaró ella sin inmutarse.

Dani se quedó sin palabras. Esbozó una sonrisa de resignación. Mejor dejarlo pasar. Si su mujer tenía ganas de jugar a los espías, él le seguiría la corriente.

Fuera de cámara, Peter le dio un pellizco durísimo a Dyson en el trasero. Solo entonces el hombre recordó que Melisa ahora era la heredera más rica de la República de Monteverde, y que el tipo a su lado era un alto mando militar. Si él se enteraba de que Melisa era una reina del mercado negro que traficaba armas, seguramente la arrestaría ahí mismo.

Dyson cambió de tema de inmediato e hizo zoom a los detalles del casco en la tablet.

—¡Miren estas soldaduras! En especial estas estructuras de soporte cerca del pasillo del antiguo almacén principal de municiones y su conexión con el compartimento estanco de al lado. El reporte oficial dice que un ataque externo provocó una explosión en cadena, y que la onda expansiva desgarró todo de afuera hacia adentro, ¿verdad?

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