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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 676

Catalina le echó un vistazo a la pantalla. El pánico en sus ojos se transformó en un odio visceral y apretó los dientes.

—¡Sí, fue él!

Cuando Dani se aseguró de que los mercenarios habían quedado calcinados y aplastados entre los fierros bajo el fuego de la explosión, regresó junto a Melisa y se agachó a su lado.

—¿Cómo sigue la señora Amaya?

Al reconocer la cara de su peor pesadilla, el choque emocional había sido demasiado fuerte para el frágil estado de Catalina, y se había desmayado por completo.

Melisa negó con la cabeza.

—No lo sé, hay que llevarla al hospital para que la revisen bien. Pero tuvo un momento de lucidez absoluta.

Para entonces, varios curiosos ya habían llamado a la policía y algunos empezaron a reconocer a las dos figuras públicas. En cuestión de minutos, una multitud los rodeó; unos preguntaban si estaban bien, mientras otros sacaban sus celulares para tomar fotos, grabar videos o hasta transmitir en vivo.

El amontonamiento era asfixiante.

Para proteger a Melisa de las cámaras, Dani se quitó el saco y se lo echó en la cabeza, colocándose frente a ella como un escudo humano.

No fue hasta que las patrullas y las ambulancias irrumpieron en el lugar que lograron sacar a Catalina para subirla a una camilla. Mateo, que había llegado a toda prisa siguiéndoles el rastro, frenó su coche justo enfrente de Dani, abrió la puerta trasera y le hizo una seña.

—¡Mete a mi hermana, rápido!

Dani cargó a Melisa y la subió al asiento trasero.

El portazo los aisló de los mirones y el bullicio. Melisa se quedó en silencio, aún abrazada por Dani.

Al ver a su hermana cubierta con un saco, Mateo preguntó angustiado:

—¿Qué demonios pasó? ¿Fueron enemigos tuyos otra vez, Dani?

—No.

La voz de la chica sonó por debajo de la tela del traje.

—Son mis enemigos.

Se quitó el saco y miró a Dani con los ojos ensombrecidos.

—Siempre creí que Gaspar y su esposa no tenían las agallas para asesinar a mis padres solo por quedarse con el negocio familiar. Nunca supe que había alguien más moviendo los hilos, hasta ahorita...

Apretó con fuerza la camisa en el pecho de Dani, como si necesitara aferrarse a algo para no desmoronarse.

—La señora Amaya me confesó que en el coche del 929 había una tercera persona.

A Dani se le cortó la respiración y los músculos de sus brazos se tensaron al máximo. Ya intuía hacia dónde iba todo esto.

—¿Me estás diciendo que era Iván?

Al escuchar ese nombre, Mateo clavó la mirada en el retrovisor.

Un hombre tan letal y experimentado como Dani sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal.

Él había idolatrado a Iván en su juventud, viéndolo como un mentor intachable antes de que la política lo ensuciara todo.

Pero ahora, atando cabos, se daba cuenta de algo macabro: cada vez que él lograba un éxito que amenazaba los intereses ocultos de Iván, los atentados contra su vida se multiplicaban. ¿Quién lo quería muerto? ¿De verdad habían sido siempre mercenarios extranjeros?

¿O fue su propio mentor quien pactó con el diablo para intentar eliminarlo?

Mateo, que había escuchado todo en silencio, aparcó el coche en un garaje seguro, apagó el motor y giró lentamente la cabeza con los ojos inyectados en sangre.

—Entonces... ¿el verdadero culpable de que nos quedáramos sin padres fue Iván todo este tiempo? ¿Por qué diablos los mató?

Melisa negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé. A lo mejor mis papás descubrieron por accidente los negocios sucios que traía.

—¿Va a ser muy difícil atraparlo? —preguntó Mateo.

Dani asintió con un semblante de piedra.

—Hasta ahora, por más que hemos investigado a fondo, los criminales que hemos atrapado y las tramas que hemos destapado jamás lo han salpicado directamente. Nunca da la cara, no deja ni un solo cabo suelto. Ir por él va a ser sumamente peligroso; si damos un paso en falso, arrastraremos con nosotros a todos los que amamos.

—No hay que hacer ruido con esto todavía —sentenció Melisa—. Hay que dar las declaraciones de rutina con la policía y sentarnos a planear nuestro próximo movimiento con la cabeza fría.

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