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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 690

—Correcto —respondió ella con la boca un poco seca.

Por otro lado, Renato también acertó la pregunta y le susurró a Melisa: —Doctora, no se me vaya a poner celosa. Saber observar a la gente es algo básico que cualquier explorador militar debe dominar, algunos son mejores que otros. Le juro que el jefe no le estaba echando los ojos a esa mujer.

Melisa soltó una risita. —Ya lo sé. Yo también me aprendí cada detalle tuyo, de pies a cabeza.

Renato no dudó ni un segundo de las palabras de Melisa y sonrió de oreja a oreja. —Yo digo que nos llevamos el primer lugar.

En las siguientes rondas de preguntas para los hombres, Dani no falló ni una. Hasta pudo decir de qué color traía las uñas Luna y especificar si las piedritas que las adornaban tenían forma de corazón o de estrella.

Muchos perdieron en esa ronda, incluyendo a Renato, que no tenía ni la menor idea de cómo traía las uñas Melisa. Cuando llegó el momento de dar las respuestas, ella explicó que nunca usaba uñas postizas; era doctora y experta en mecánica, así que traer uñas largas solo le estorbaría.

Al terminar esa fase, Dani tenía la puntuación más alta. Luna no pudo evitar acercarse y susurrarle: —¿Resulta que siempre has estado fijándote en mí? Qué sorpresa que recuerdes hasta esos detalles.

Dani la miró de reojo y soltó en seco: —Aunque tuviera un perro enfrente, también me acordaría de todos sus detalles.

A Luna se le subió la sangre a la cabeza. —¡Tú...!

Dani seguía con el rostro inexpresivo, sin darle la más mínima importancia ni dejar que se hiciera ilusiones.

Cuando llegó el turno de hacerle preguntas a las mujeres.

Alguien le gritó a Melisa desde atrás antes de empezar: —¡El coronel Soto sacó calificación perfecta! ¡Tú también échale ganas!

Melisa sonrió levemente. —Venga.

—¿De qué color es la correa del reloj de Renato?

—Café.

—¿De qué color es su corbata?

—A rayas azules y blancas.

—¿Voleibol acuático?

A Luna le brillaron los ojos. Cuando vivía en zonas tropicales, jugar voleibol en la alberca era su pasatiempo favorito para escapar del calor.

Por fin había encontrado la oportunidad de lucirse, opacar a Melisa y robarse toda la atención.

Siempre había sido el centro de atención, pero desde que llegó a Monteverde, su complejo de superioridad se había ido por los suelos. Le urgía que la voltearan a ver y la admiraran.

Inmediatamente miró a Melisa, y con un toque disimulado de provocación, le preguntó en un español algo tropezado: —Seguro tú también juegas esto, ¿verdad? ¿Nos echamos un partido?

Melisa le sostuvo la mirada a Luna. —Claro, vamos a ver qué tal.

Matías rodeó a Luna por la cintura y bromeó: —Yo paso en esta, soy malísimo para jugar en el agua.

El animador rió y anunció: —¡Equipos libres! Los que vayan a jugar pasen a los vestidores, ya les dejé trajes de baño nuevecitos ahí.

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