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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 759

Melisa Serrano asintió. —Su estado es estable. Guardaré este favor en mi memoria. Si alguna vez te encuentras en aprietos, te ayudaré.

—Con su palabra me basta —agradeció Ricardo Benítez con una sonrisa.

En estos tiempos, obtener un favor que combinara el peso de un traficante de armas y del prestigioso Médico Milagro era el equivalente a tener un pase de inmunidad absoluta. Para él, era un trato que valía su peso en oro.

Apenas Ricardo se marchó, Nicanor Núñez recompuso su expresión y se acercó. —¿El Señor X? ¿El mismísimo traficante de armas con una fortuna capaz de rivalizar con la de países enteros? En el bajo mundo todos juraban que era un hombre, y que lograr una audiencia con él era más difícil que tocar el cielo con las manos. —Recorrió con la mirada el hermoso rostro de su hermana, haciendo un esfuerzo titánico por mantener la compostura—. ¿Y resulta que es mi hermana? Mi propia hermana es una traficante de armas.

Nicanor se inclinó, apoyando ambas manos en los reposabrazos de la silla de ruedas de Melisa, y dejó escapar un suspiro de asombro. —Eres increíble.

Su tono no era exactamente suave, pero la angustia y el cariño genuino brillaban en sus ojos.

Melisa se limitó a sonreírle. —Ustedes siempre han sido unos apasionados por los negocios arriesgados, ¿por qué iba a ser yo la excepción?

Tenía miles de cosas que decirle, pero al final, Nicanor solo le alborotó el cabello con suavidad y suspiró. —Como sea, lo único que importa es que estás a salvo. ¿Y Dani Soto? ¿Cuál es su estado?

Cuando sacaron a Dani del quirófano, Melisa le explicó a Nicanor exactamente cuál era la situación clínica de su protegido.

Al escuchar que las piernas de Dani estaban comprometidas, Nicanor soltó otro suspiro pesado. Tomó el control de la silla de ruedas, que hasta ese momento empujaba Águila, y comenzó a llevar a Melisa hacia la salida. —Vámonos a casa. Esa gente en el Reino de Palmeras ya perdió la cabeza. Cuando el estado de Dani se estabilice, lo trasladaremos también. Mientras tanto, dejaré a mis hombres custodiando el lugar.

Melisa asintió. Entonces, recordando el verdadero motivo por el que había viajado a Colombia, le preguntó de repente: —Nicanor, ¿cómo va el progreso de la investigación?

—¿Qué investigación? —preguntó él.

—El Proyecto de Regeneración Sistémica e Inmunocompatibilidad.

Melisa apretó los labios antes de responder. —Logré conservar la estructura de la pierna, pero el daño nervioso es irreversible. Con el tiempo, esa pierna se atrofiará por completo. A efectos prácticos, es como si la hubiera perdido; jamás podrá caminar con ella. Si no encontramos una alternativa médica de vanguardia, estará condenado a una silla de ruedas por el resto de su vida.

—Nicanor, él no puede perder sus piernas —murmuró Melisa con la voz cargada de pesar—. En el fondo es un hombre inmensamente orgulloso y exigente consigo mismo. Siente que carga con el peso del mundo sobre sus hombros y tiene la responsabilidad de proteger a muchas personas. Le quedan demasiadas cosas por hacer; no podemos permitir que su camino termine aquí.

Nicanor escuchó en un silencio sepulcral. El enfado inicial en su rostro fue cediendo terreno ante una gravedad compleja y sombría.

—Entonces, ese sistema de regeneración... ¿Crees que podría aplicarse en su pierna? —preguntó. Esta vez su tono carecía de oposición; estaba analizando y calculando las posibilidades reales.

—No se trata solo de la pierna —lo corrigió Melisa, con una mente analítica trabajando a mil por hora—. Hablo de una regeneración dirigida y de la reconstrucción funcional del sistema nervioso periférico. Si logramos combinarlo con andamios de biomateriales y tecnología de interfaces neuronales, y si el proyecto rinde frutos, existe la esperanza de reparar sus vías nerviosas dañadas. Las señales podrían volver a transmitirse, devolviéndole la sensibilidad y la fuerza a los músculos.

En otras palabras, hacer que la extremidad volviera a "cobrar vida". Nicanor sabía perfectamente que, de tener éxito, una investigación de tal magnitud despertaría la codicia de muchos.

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