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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 80

Isabel había crecido rodeada de joyas. Sabía que lo que Melisa decía era, en su mayoría, cierto. La pieza que traía era una copia. Por confiar en la subasta internacional, su familia jamás lo cuestionó; la guardaron como tesoro en la bóveda… y la primera vez que salía a la luz, terminaba en un papelón.

Aun así, todavía se podía contener el daño.

Isabel negó, apretando los dientes.

—No hace falta. Hoy la señorita Núñez me evitó un problema mayor. Con permiso.

Melisa asintió. Y cuando Isabel se dio la vuelta, añadió:

—Aunque es una copia, el trabajo es excelente. No tendrá siglos de historia, pero sigue siendo una pieza valiosa. Vale la pena conservarla.

Isabel se detuvo un segundo. Su expresión se suavizó al voltear.

—Gracias.

Cuando se fue, la mesa volvió a caer en un silencio pesado. Jimena, que había sido la más escandalosa, ahora no podía ni levantar la cara.

Ángel alzó su copa hacia Melisa.

—No esperaba que supiera tanto. Tiene ojo de experta. Con razón es de sangre Núñez. Brindo por usted.

Melisa chocó su copa con naturalidad.

—Solo sé lo básico. No es para tanto.

Claudia, incómoda, buscó cómo salvar la cara.

—Prima… ¿cuándo te regalaron esa joya mis primos? Yo ni sabía. Casi hago el oso…

Todos habían visto cómo Claudia insistía en que Melisa se disculpara. Y al final, la joya era auténtica: la que quedaba como ignorante era Claudia.

—Nadie me la regaló —dijo Melisa, amable—. Claudia, nosotras no deberíamos estar esperando que nos den cosas. También podemos comprarnos lo nuestro con nuestro dinero.

La sonrisa de Claudia se le quebró. Apretó la mano hasta que se le blanquearon los nudillos.

Jamás imaginó que Melisa la exhibiría así, frente a todos: como alguien que vivía de estirar la mano y colgarse de los Núñez.

Los invitados se intercambiaron miradas cargadas.

—Con razón la señorita Blanca siempre anda esperando regalos…

—Y por eso quería pisotear a la señorita Núñez… pura envidia.

A Claudia le ardieron las orejas. Quiso desaparecer, pero solo pudo sostener una sonrisa temblorosa.

—N-no… solo me preocupaba por ti…

—¿Por mí? —Melisa movió despacio su copa, con una media sonrisa—. Entonces la próxima pregunta primero, antes de decidir por mí… no vaya a ser que…

Hizo una pausa. Su tono seguía suave, pero cada palabra pegaba.

—…vuelvas a hacer el ridículo.

Capítulo 80 1

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