—¡¿Qué dices, Zayn?!
La voz de Fahriye salió cargada de sorpresa y dolor. Durante unos segundos sintió que el mundo a su alrededor se detenía.
Zayn permanecía frente a ella, con el relicario entre sus manos. Sus ojos, que minutos antes estaban llenos de ilusión y amor, ahora reflejaban una profunda herida.
Él levantó el collar una vez más, como si necesitara confirmar que aquello era real.
—Encontré esto dentro de nuestro joyero, Fahriye —dijo con la voz quebrada—. En nuestra habitación.
Ella sintió un vacío en el pecho.
Negó rápidamente mientras daba un paso hacia él.
—No… no, Zayn. Eso es imposible.
Extendió sus manos y tomó el relicario con cuidado. Lo abrió y al ver nuevamente la fotografía de Adnan y ella abrazados, su rostro palideció.
—Escúchame, por favor… yo no tenía este collar.
Su voz comenzó a temblar.
—Jamás lo habría escondido aquí. Nunca habría hecho algo así.
Zayn la observaba en silencio, pero su expresión era diferente. No parecía un hombre furioso, sino un hombre herido que no sabía qué creer.
—¿Entonces cómo llegó ahí, Fahriye? —preguntó con dolor—. ¿Cómo terminó un recuerdo de mi hermano en nuestra habitación? En nuestro día especial.
Ella abrió la boca, pero las palabras no salieron.
Porque no tenía una respuesta.
Solo sabía una cosa: ella no había puesto ese collar ahí.
—Zayn, mírame —suplicó acercándose—. Tú me conoces. Sabes quién soy.
Pero él bajó la mirada.
Aquella pequeña duda en sus ojos fue lo que más daño le hizo.
No que gritara.
No que estuviera molesto.
Sino que por un instante pareciera preguntarse si ella podía haberlo traicionado.
Zayn cerró los ojos y respiró profundamente.
—Necesito estar solo.
Fahriye sintió que su corazón se rompía.
—Zayn…
Pero él negó lentamente.
No quería escuchar más.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.
Cada paso que daba se sentía como una puñalada para ella.
La mujer que había luchado tanto por ganarse su amor ahora veía cómo él se alejaba con una mirada llena de decepción.
Cuando la puerta se cerró, Fahriye se quedó inmóvil.
El silencio de la habitación era insoportable.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No… esto no puede estar pasando.
**
Zayn caminó sin rumbo por los pasillos del palacio.
La rabia y el dolor luchaban dentro de él.
No quería creer que Fahriye pudiera hacerle daño.
Pero la imagen de su hermano y ella juntos seguía apareciendo en su mente.
Adnan había sido alguien importante en su vida.
Su hermano.
Su familia.
Y aunque sabía que el pasado de Fahriye había existido antes de él, encontrar aquel recuerdo escondido en su habitación despertó viejos temores.
Finalmente llegó a una sala privada y cerró la puerta.
El hombre que ante todos era fuerte, el jeque que siempre mantenía el control cayó de rodillas.
Sus manos temblaron.
Y por primera vez en mucho tiempo, dejó escapar el dolor que llevaba dentro.
Sollozó en silencio, sintiendo que algo dentro de él se rompía.
Porque lo que más le dolía no era la fotografía.
Era la posibilidad de perder a la mujer que amaba.
**
Mientras tanto, Fahriye permanecía en la habitación tratando de entender lo ocurrido.
Miró nuevamente el relicario.
Su corazón comenzó a llenarse de sospecha.
Ella conocía sus pertenencias.
Conocía cada joya, cada recuerdo, cada objeto guardado en su habitación.
Y sabía perfectamente que aquel collar no estaba ahí antes.
Entonces recordó algo.
El brazalete en el suelo.
La forma extraña en que había aparecido.
La sensación de que alguien había entrado a su habitación.
Fahriye apretó los puños.
La tristeza comenzó a transformarse en rabia.
Salió de la habitación y encontró a varios empleados en el pasillo.
—Necesito que me digan la verdad —dijo con firmeza.
Todos bajaron la mirada.
—¿Alguien entró a mi habitación esta noche?
Hubo silencio.
Hasta que una joven empleada dio un paso al frente.
—Jequesa…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe