Hasret sintió que el miedo se apoderaba completamente de ella.
El golpe contra el automóvil había sido tan repentino que durante unos segundos no entendió qué estaba ocurriendo. El vehículo se sacudió violentamente y su corazón comenzó a latir con fuerza mientras intentaba mirar por la ventana.
Los hombres armados se acercaban.
No era un accidente.
Era un ataque.
El instinto de supervivencia despertó dentro de ella.
Con las manos temblorosas tomó su teléfono y rápidamente intentó hacer una llamada.
Necesitaba pedir ayuda.
Necesitaba encontrar a Murad. Necesitaba escuchar su voz.
Pero antes de que pudiera terminar de marcar, un fuerte golpe rompió el cristal de la ventana.
El sonido fue aterrador.
Los fragmentos de vidrio cayeron a su alrededor y Hasret lanzó un grito desesperado.
—¡No!
Intentó alejarse, cubrirse, protegerse.
Su mano seguía sosteniendo el teléfono.
La llamada finalmente fue contestada.
—¿Hasret?
La voz de Murad llegó al otro lado.
Pero ella no tuvo tiempo de responder.
Uno de los hombres introdujo su brazo por la ventana rota y roció una sustancia directamente hacia ella.
Un olor extraño y fuerte llenó el interior del automóvil.
Hasret comenzó a toser de inmediato.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Intentó respirar, pero sentía que el aire no llegaba correctamente a sus pulmones.
—¡Murad! —gritó con todas sus fuerzas.
Esa fue la última palabra que pudo pronunciar.
Al otro lado de la llamada, Murad solo escuchó su desesperación.
Escuchó su tos. Escuchó el miedo en su voz.
Después...
Silencio.
—¿Hasret?
Gritó su nombre desesperado.
Pero nadie respondió.
Dentro del automóvil, la vista de Hasret comenzó a volverse borrosa.
Intentó mantenerse consciente.
Pensó en Murad. En los momentos felices que habían vivido juntos.
Pensó que no podía terminar así.
No podía dejarlo. No podía abandonar a las personas que amaba.
Pero su cuerpo ya no respondía.
La fuerza abandonó sus brazos.
El teléfono cayó de sus manos.
Sus ojos se cerraron lentamente.
Antes de perder completamente la conciencia, sintió unos brazos fuertes sujetándola.
Alguien la levantó del asiento.
Quiso luchar.
Quiso gritar.
Pero no tenía fuerzas.
El miedo fue lo último que sintió antes de quedar completamente inconsciente.
En su mente solo apareció un pensamiento:
"Mi vida se acabó."
***
Lejos de allí, en la empresa Al-Sabah, Murad permanecía en una reunión junto a su padre.
Los hombres importantes de la compañía discutían asuntos financieros, pero para él todo dejó de tener sentido en el instante en que escuchó aquella voz.
La voz de Hasret. Su grito. Su desesperación.
Durante unos segundos quedó completamente paralizado.
Su rostro perdió todo color.
Todos en la sala notaron el cambio.
—¿Murad? —preguntó uno de los presentes.
Pero él no respondió.
Solo tenía el teléfono en la mano.
Miraba la pantalla como si esperara que Hasret volviera a hablar.
Como si todo hubiera sido una pesadilla.
Pero el silencio al otro lado era aterrador.
—Mi esposa...

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