Inaya llegó a la mansión cuando la noche ya había caído sobre la ciudad.
El viaje había sido silencioso.
Durante todo el camino permaneció mirando por la ventana del automóvil, perdida en sus propios pensamientos. Su corazón todavía estaba lleno de una mezcla de tristeza, rabia y confusión.
No podía dejar de recordar las palabras de Malik.
Recordaba cómo la había mirado.
Como si fuera una desconocida.
Como si todo el amor que alguna vez creyó que existía entre ellos hubiera desaparecido.
Cuando el auto se detuvo frente a la entrada principal de la mansión, Inaya respiró profundamente antes de bajar.
Intentó mantener la compostura.
No quería que nadie notara cuánto le dolía todo aquello.
Caminó hacia la entrada con la cabeza en alto, pero apenas cruzó las puertas de la mansión notó algo extraño.
Los empleados estaban demasiado callados.
Algunos evitaban mirarla directamente.
Entonces vio a la empleada principal acercarse.
La mujer tenía una expresión preocupada que no podía ocultar.
—Señora...
Inaya se detuvo.
—¿Qué ocurre?
La mujer miró alrededor, como si temiera que alguien pudiera escucharla.
—El señor está en el despacho.
Hizo una pausa.
—Está muy enfadado. Preguntó por usted varias veces.
La expresión de Inaya cambió ligeramente.
Aunque intentó ocultarlo, escuchar que Malik estaba preocupado por ella provocó un pequeño movimiento en su corazón.
Pero inmediatamente recordó su actitud distante.
No podía permitirse ilusionarse.
—Está bien, no te angusties —respondió con calma—. Si el señor pregunta por mí, dile que estoy en mi habitación.
La empleada abrió los ojos sorprendida.
No esperaba esa respuesta.
—¿Señora?
Pero Inaya ya había comenzado a caminar.
La mujer se quedó observándola, confundida.
Sabía que algo estaba ocurriendo entre ellos.
Porque aunque Malik fingía indiferencia, todos en la mansión podían ver que su preocupación por Inaya era demasiado grande.
***
La empleada no tuvo más remedio que dirigirse al despacho.
Cuando abrió la puerta, Malik levantó la mirada inmediatamente.
Por un instante, sus ojos mostraron esperanza.
Como si hubiera esperado ver a Inaya entrar.
Pero al darse cuenta de que era solamente la empleada, su expresión volvió a endurecerse.
—Con permiso, señor.
Malik permaneció en silencio.
—¿La señora volvió?
La mujer asintió.
—Sí, señor.
Aquellas palabras parecieron devolverle un poco de tranquilidad.
Había estado intentando convencerse de que no le importaba.
Pero cuando creyó que ella no regresaría, una angustia insoportable se apoderó de él.
—¡¿Y dónde está?! —preguntó inmediatamente.
Su voz mostró molestia, pero debajo de ella había desesperación.
La empleada dudó.
—En su alcoba.
Malik frunció el ceño.
—¿Su alcoba?
La mujer bajó la mirada.
—Le dije que usted la esperaba aquí, pero ella decidió irse a su habitación.
Malik sintió una punzada de enojo.
No entendía por qué Inaya actuaba así.
Después de todo, él necesitaba respuestas.
Necesitaba saber quién era ese hombre.
Necesitaba saber si las imágenes que había visto eran reales.
Sin decir una palabra más, salió del despacho.
***
Caminó rápidamente por los pasillos de la mansión.
Su rostro mostraba una mezcla de rabia y desesperación.
Llegó hasta la habitación de Inaya.
Ni siquiera se molestó en tocar.
Abrió la puerta de golpe.
—¡Malik! —exclamó ella sorprendida.
Inaya estaba cambiándose de ropa.
Había dejado su vestido sobre una silla y apenas había alcanzado a cubrirse con su ropa de dormir cuando él entró.
Por un segundo, Malik se quedó inmóvil.
La imagen de ella frente a él le recordó demasiado lo cerca que habían estado.
Pero la furia volvió a dominarlo.
No estaba ahí para pensar en sus sentimientos.
Estaba ahí por las dudas que lo estaban consumiendo.
Se acercó rápidamente.

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